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Full text of "De Fuerteventura a París; diario íntimo de confinamiento y destierro vertido en sonetos"

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DE  FUERTEVENTURA 
A  PARÍ5 


DE  rUERTEVENTURA 
A  PARÍS 

Diario  íntimo  de  confinamiento  y  destierro 
vertido  en  sonetos  por 

MIGUEL  DE  UNAMUNO 


PARIS 

EDITORIAL  EXCELSIOR 

42,  BOULEVARD  RASPAIL 
1925 


Copyright  by,  Editorial  Excelsior  ig25 


A  don  Ramón  Castañeyra, 
de  Tuerto  Cabras,  en  la  isla 
canaria  de  Fuerteventura. 

\Ay,  mi  querido  amigo,  cuanto  viva  mi  alma  y 
en  la  forma  que  viviere,  vivirá  en  ella,  hecha 
hueso  espiritual  o  roca  espiritual  de  sus  huesos  o 
sus  rocas  espirituales,  esa  bendita  isla  rocosa  de 
Fuerteventura  donde  he  vivido  con  ustedes,  los 
nobles  majoreros,  y  con  el  Dios  de  nuestra  España 
los  días  más  entrañados  y  más  fecundos  de  mi 
vida  de  luchador  por  la  verdad ! 

Usted,  su  venerable  padre  Don  José,  sus  herma- 
nos, nuestro  buen  párroco  de  Puerto  Cabras,  Don 
Víctor  San  Martín,  mi  posadero  Don  Paco 
Medina,  el  excelente  Don  Pancho  López,  espíritu 
zumbón  y  crítico,  los  amigos  todos  de  la  inolvida- 
ble tertulia  cara  a  la  mar  que  sonríe  a  nuestras 
trágicas  flaquezas,  ustedes  saben  todo  lo  que  ahí 


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MIGUEL  DE  UNAMUNO 


viví.  Y  ustedes  saben  cómo  el  día  de  mi  libe- 
ración merced  a  la  generosidad  de  la  noble  na- 
ción francesa,  que  me  está  dando  aquí,  en  París, 
libertad  y  dignidad,  dejé  esa  roca  llorando.  Es 
que  dejaba  en  ella  raíces  en  la  roca  y  raíces  de 
roca. 

Les  prometí  a  ustedes  volver  a  esa  isla  y  si  Dios, 
el  de  mi  España,  me  da  vida  y  salud,  volveré.  Vol- 
veré con  el  cuerpo,  porque  con  el  alma  sigo  ahí. 

Les  prometí  a  ustedes  también  escribir — «para 
siempre»,  como  dijo  Tucídides — el  relato  de  mi 
cautividad  en  esa  bendita  isla  y  hablar  de  ella,  de 
ese  «tesoro  de  salud  y  de  nobleza» .  Lo  he  de  hacer. 
Y  haré  aquel  libro  de  que  le  hablé  y  que  se  titu- 
lará :  Don  Quijote  en  Fuertev entura,  Don  Quijote 
en  camello  a  modo  de  Clavileño.  Mas  por  hoy,  y 
como  es  cosa,  que,  por  ser  de  combate,  urge  más, 
publico  los  sonetos  que  ahí  escribí,  a  cuyo  parto 
asistió  usted,  precedidos  de  los  que  había  escrito 
antes  de  salir  de  la  península  y  seguidos  de  los 
que  luego  me  han  brotado  aquí,  en  París. 

Y  es  justo  que  sea  el  nombre  de  usted  el  que 
primero  vaya  en  cabeza  de  este  libro  doloroso,  ya 


DE  FUER  TE  VENTURA  A  PARIS 


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que  usted  fué  el  verdadero  padrino  de  esos  sone- 
tos, el  primero  que  los  conoció,  el  que  los  recibió 
todavía  lívidos  del  parto  cuando  lloraban  el  trágico 
primer  llanto  y  hasta  asistió  usted  a  la  gestación 
de  algunos  de  ellos. 

Así  resulta  este  mi  nuevo  rosario  de  sonetos  un 
diario  íntimo  de  la  vida  íntima  de  mi  destierro.  En 
ellos  se  refleja  toda  la  agonía — agonía  quiere 
decir  lucha — de  mi  alma  de  español  y  de  cristiano. 
Como  todos  los  feché  al  hacerlos  y  conservo  el 
diario  de  sucesos  y  de  exterioridades  que  ahí 
llevaba,  puedo  fijar  el  momento  de  historia  en  que 
me  brotó  cada  uno  de  ellos.  Otros  son  hijos  de 
experiencia  religiosa — alguien  diría  que  mística — 
y  algunos  del  descubrimiento  que  hice  ahí,  en 
Fuerteventura,  donde  descubrí  la  mar.  Y  eso  que 
nací  y  me  crié  muy  cerca  de  ella- 

Podrá  decírseme,  como  ya  se  me  dijo  cuando 
publiqué  mi  Rosario  de  sonetos  Uricos^  que  he 
debido  seleccionarlos  y  no  darlos  aquí  todos.  Pero 
me  cuesta  decidirme  a  una  selección  de  cosa  pro- 
pia. Ni  me  gustan  las  selecciones  ajenas.  Huyo 
de  las  selectas  o  églogas. 


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MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Alguna  vez  un  buen  verso  salva  a  un  soneto 
malo  y  aunque  se  haya  dicho  aquello  de  honum 
ex  integra  causa,  malum  ex  qualunque  defectu, 
«bueno  por  lo  entero,  malo  por  cualquier  falta», 
creo  que  hasta  lo  malo  ayuda  a  comprender  y 
sentir  mejor  lo  bueno-  ¿Y  sé  yo,  además,  si  a  los 
otros  les  ha  de  parecer  lo  mío  como  a  mí  me 
parece  ? 

¿Que  por  qué  no  he  dicho  en  prosa  lo  que  aquí 
digo  en  verso?  Carlyle,  en  la  crítica  que  escribió 
sobre  las  Corn-law  Rhymes — ^en  1835 —  decía  : 
«Si  el  pensamiento  interior  puede  expresarse 
hablando  en  vez  de  cantando,  que  haga  lo  primero, 
sobre  todo  en  estos  días  inmusicales.  En  todo 
caso,  si  el  pensamiento  interior  no  canta  por  sí 
mismo,  ese  cantar  de  la  frase  exterior  es  algo  de 
tono  y  timbre  falsos  de  que  podemos  dispensarnos» 
Pero  aparte  de  que  no  es  fácil  determinar  qué  sea 
y  dónde  comience  y  dónde  acabe  el  canto  y  que 
la  música  del  lenguaje,  del  pensamiento,  no  es  la 
de  los  versos  cantables,  hay  pensamiento  que 
debe,  por  razones  didácticas,  verterse  en  verso. 
Así,  la  poesía  gnómica  o  sentenciosa,  muchos 


DE  FUERTEVENTüRA  A  PARIS 


II 


refranes,  recetas,  etc.  Es  un  medio  de  dar  resis- 
tencia y  permanencia  a  un  pensamiento. 

Por  otra  parte,  ¡  qué  intensidad  de  emoción  no 
alcanza  un  sentimiento  cuando  se  logra  encerrarlo 
en  un  cuadro  rígido,  en  una  forma  fija,  cuando  se 
consigue  hacer  un  diamante  de  palabras  con  sus 
catorce  facetas  lisas  y  brillantes  y  sus  cortantes 
aristas ! 

Pero  no  he  de  hacer  aquí  preceptiva.  Los  sonetos 
se  defenderán  a  sí  mismos  y  por  sí  mismos. 

Sólo  me  resta  enviarle,  desde  y  a  través  del 
Atlántico,  un  largo  y  ancho  abrazo  y  abrazar  en 
usted  a  todos  mis  amigos  de  esa  fuerteventurosa 
isla  y  a  la  isla  misma. 

Miguel  de  UNAMUNO 
París,  8  de  enero  de  1925. 


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MIGUEL  DE  UNAMUNO 


I 

Añoso  ya  y  tonto  de  capirote, 
aburrido  de  tan  largo  jolgorio j 
una  tarde  pensó  Don  Juan  Tenorio 
divertirse  en  hacer  de  Don  Quijote. 

Después  de  siesta  se  rascó  el  cogote, 
se  ajustó  más  ceñido  el  suspensorio, 
mandó  a  Ciutti  copiar  el  relatorio 
y  puso  al  manso  Rocinante  al  trote. 

Mas  al  sentir  la  no  ligera  carga 
el  p  oh  re  bruto,  enjuto  de  sudores, 
tropezó  luego,  se  tendió  a  la  larga, 

renunció  a  la  victoria  y  sus  honores 
y  tuvo  allí  Don  Juan,  mozo  de  adarga, 
que  aligerarse  haciendo  aguas  mayores. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


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Este  primer  soneto  lo  escribí  antes  de  sacarme 
deportado  de  mi  casa. 

Bien  se  entiende  que  el  tonto  de  capirote  a  que 
se  alude  es  el  Marqués  de  Estella,  Miguel  Primo 
de  Rivera.  El  cual  parece  que  no  se  ha  querido  dar 
cuenta  de  lo  que  quiere  decir  tonto.  Porque  en 
una  u  otra  forma  se  ha  declarado  a  sí  mismo 
incompetente.  Pero  tonto  quiere  decir  otra  cosa- 
Tonto  quiere  decir  que  aunque  desde  joven  se  hu- 
biese dedicado  al  estudio,  en  vez  de  correrla  tomo 
un  señorito  frivolo,  nunca  habría  llegado  a  saber 
nada  bien  ;  tonto  quiere  decir  tonto  o  sea  defectivo 
de  entendimiento.  Eos  discursos,  las  cartas,  los 
escritos,  las  notas  oficiosas  del  supuesto  Dictador 
revelan  la  más  trágica  tontería.  Y  no  es  que  los 
improvise  y  haga  de  prisa  y  corriendo.  El  hombre 
avisado  hasta  improvisando  dice  cosas  de  sus- 
tancia. Eos  tópicos,  las  ramplonerías,  las  frases 
hechas,  las  metáforas — todo  ello  del  común 
acervo —  del  Marqués  de  Estella  son  el  más  terri- 
ble cargo  contra  un  Ejército  que  ha  podido  sopor- 
tar a  tamaño  botarate  y  que  le  ha  creído  hasta 
elocuente  o  por  lo  menos  ingenioso. 


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MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Lo  del  suspensorio,  aplicado  al  Directorio,  a  la 
tropilla  de  generales  que  se  prestaron  a  encubrir 
a  ese  tonto,  no  es  cosa  mía.  Lo  que  hice  fué  ponerlo 
en  circulación. 

Conviene  recordar  que  en  España  no  se  ha  pu- 
blicado jamás  un  Manifiesto  tan  grosero,  tan 
insultante  para  la  nación,  tan  bochornoso  como  el 
que  firmó  el  13  de  setiembre  de  1923,  día  del 
golpe  de  Estado,  Miguel  Primo  de  Rivera,  capitán 
general  de  la  cuarta  región. 

En  él  se  hablaba,  a  nombre  de  los  militares,  de 
«nuestra  moral  y  doctrina»;  de  «el  que  no  sienta 
la  masculinidad  completamente  caracterizada»,  lo 
que  revela  una  sensibilidad,  no  mentalidad,  de 
toro,  caballo  semental,  garañón,  carnero  o  macho 
cabrío,  pero  no  de  hombre;  de  «los  de  nuestra 
propia  profesión  y  casta»  y  se  restablecía  la 
forma  más  vil  de  la  Inquisición. 

El  trágico  botarate  se  ha  confesado  alguna  vez 
incompetente,  ambicioso  y  soberbio,  pero  de  buena 
fe.  Y  no  es  así.  Ni  incompetente,  sino  tonto  ;  ni 
ambicioso,  sino  bullanguero  ;  ni  soberbio,  sino 
grotescamente  vanidoso.  Y  de  mala  fe,  de  muy 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


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mala  fe  y  recomido  por  bajas  y  viles  pasiones.  Con 
gatitos  en  la  barriga,  como  dicen  en  su  tierra. 

II 

¿Conque  ihan  a  barrerte?  Pura  coba. 
Lo  que  hacen  es  ponerte  roja  y  gualda 
de  rubor  y  de  bilis,  que  en  la  espalda 
te  están,  España,  dando  la  gran  soba. 

Y  si  fueses  al  menos  la  Caoba 
con  su  gobierno  de  bajo  la  falda, 
harías  que  pusieran  por  guirnalda 
en  lu  sombrero  de  guión  la  escoba. 

Nada  de  aquellas  recomendaciones 
del  régimen  antiguo,  el  del  embudo; 
ved  al  macho,  señor  de  las  legiones, 

como  bajo  un  fanal  rie  desnudo 
y  ante  el  pueblo  se  rasca  los  calzones 
y  el  pueblo  mira,  por  mordaza,  mudo. 


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MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Famoso  se  hizo  el  caso  de  la  ramera,  vendedora 
de  drogas  prohibidas  por  la  ley  y  conocida  por 
la  Caoba,  a  la  que  un  juez  de  Madrid  hizo  detener 
para  registrar  su  casa  y  el  Dictador  le  obligó  a 
que  la  soltase  y  renunciara  a  procesarla  por  salir 
fiador  de  ella. 

Cuando  el  caso  se  hizo  público  y  el  Rey,  según 
parece,  le  llamó  sobre  ello  la  atención,  se  le 
revolvió  la  ingénita  botara tería,  perdió  los  estri- 
bos— no  la  cabeza,  que  no  la  tiene —  y  procedió 
contra  el  juez  tratando  de  defenderse  en  unas 
notas  en  que  se  declaraba  protector  de  las  jóvenes 
alegres. 

Aquellas  notas  han  sido  uno  de  los  baldones 
más  bochornosos  que  se  han  echado  sobre  España, 
a  la  que  el  Dictador  ha  tratado  como  a  otra  ramera 
de  las  que  ha  conocido  en  los  burdeles.  Se  ha  com- 
placido en  mostrar  sus  vergüenzas  y  en  sobárselas 
delante  de  ella. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


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III 

Los  que  clamáis  i(¡  indulto !))  id  a  ¡a  porra 
que  a  vuestra  triste  España  no  me  amoldo  ; 
arde  del  Santo  Oficio  aún  el  rescoldo 
y  de  leña  la  envidia  lo  atiborra. 
* 

No  he  de  ir  cual  carnero  con  modorra 
de  esa  sucia  bandera  bajo  el  toldo 
a  soportar  al  general  Bertoldo 
harto  de  retozar  con  una  zorra. 

Pus  en  el  corazón  y  en  la  mollera 
serrín  guarda  esa  taifa  de  cretinos 
auto-brutos.  ;Ya  cruje  la  escalera  l 

Y  ellos  se  tambalean,  pues  los  vinos 
nacionales — no  sirve  la  solera — 
no  cambian  en  leones  los  cochinos. 

Llegué  a  Fuerteventura,  donde  fué  ya  escrito 

este  tercer  soneto,  el  10  de  marzo  de  1924,  después 

de  diecisiete  días  de  haberme  arrancado  de  mi 

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MIGUEL  DE  UNAMUNO 


hogar,  días  que  pasé  entre  Cádiz — ciudad  a  la  que 
quiero  olvidar — ,  la  navegación,  unas  horas  en 
Tenerife  y  ocho  días  en  Las  Palmas  de  la  Gran 
Canaria.  En  Fuerteventura  me  enteré  de  que 
había  cuitados  que  pedían  mi  indulto  cuando  se 
me  deportó,  sin  preceder  expediente  ni  proceso 
alguno,  por  «acuerdo  del  Directorio»,  según  se  me 
comunicó  y  sin  declararme  razón  ni  motivo,  como 
todavía  hoy  no  me  lo  han  declarado. 

Lo  del  Santo  Oficio  y  la  leña,  de  la  envidia  se 
refiere  a  la  invitación  que  en  el  horrendo  Mani- 
fiesto se  hacía  a  denunciar,  añadiendo  :  «Garan- 
tizamos la  mas  absoluta  reserva  para  los  denun- 
ciantes, aunque  sea  contra  los  de  nuestra  propia 
profesión  y  casta,  aunque  sea  contra  nosotros  mis- 
mos, que  hay  acusaciones  que  honran.»  No  se  sabe 
si  al  acusador  o  al  acusado. 

Y  cuando  Don  Luis  Silvela,  gobernador  que 
había  sido  de  Madrid  y  Alto  Comisario  de  Marrue- 
cos, denunció  que  del  dinero  procedente  de  la 
tolerancia  del  juego  prohibido  por  la  ley  iba  una 
parte  al  Gobierno  civil  de  Barcelona,  estando  en- 
cargado de  éste  el  tenebroso  general  M.  Anido  y 


DE  FUERTEVENTURA  A  TARIS 


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con  parte  del  cual  dinero  se  dice  que  se  pagaba  a 
los  asesinos  a  sueldo  que  asesinaron  entre  otros 
al  abogado,  diputado  a  Cortes  y  paralítico  Don 
Francisco  Layret,  no  se  sabe  qué  clase  de  garan- 
tías se  dió  a  esa  denuncia-  Porque  la  de  la  reserva 
es  el  medio  de  no  aclararla- 
Es,  no  ya  trágica  tontería,  sino  algo  peor,  el 
que  un  Dictador  prometa  garantizar  reserva  en 
acusaciones  contra  él  o  sus  cómplices.  Aquí  su 
amo,  pues  el  pobre  Primo  no  era  sino  un  monigote 
en  manos  del  otro,  el  macho  de  los  junteros. 

Lo  de  «auto-brutos»  alude  a  una  de  las  más 
divertidas  bertoldadas  del  Ganso  Real — o  sea  el 
Primo — ,  que  habló  de  los  «auto-intelectuales». 
¿Qué  querría  decir?  ¿Los  intelectuales  que  van 
en  auto? 

Lo  de  los  «vinos  nacionales»,  a  otra  de  sus  ber- 
toldadas, y  es  cuando  dijo  que  hay  que  ser  alegre, 
pero  con  vinos  nacionales.  Lo  que  quiere  decir 
cómo  entiende  la  alegría  el  muy  botarate.  Aparte 
de  que  actuaba  de  comisionista  de  vinos  de  Jerez  y 
la  Rioja. 

Cuando  pasen  los  años  y  nuestros  nietos  lean 


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MIGUEL  DE  UNAMUNO 


todo  esto  se  sonrojarán  de  que  hayamos  podido 
tolerar  en  calma  semejante  baldón.  Nunca  fué 
una  madre  abofeteada,  insultada,  escupida,  escar- 
necida y  mofada  por  un  hijo  como  España  lo  ha 
sido  por  Primo  de  Rivera.  Aunque,  ¿es  eso  hijo? 
¿Puede  eso  tener  madre? 

IV 

Mientras  cae  el  baldón  sobre  ti,  España, 
con  el  silencio  de  la  nieve,  dora 
tu  viejo  sol  en  cada  vieja  aurora 
Credos,  la  vieja  cumbre  de  tu  entraña. 

¿Por  qué,  Señor,  persigues  con  tal  saña 
a  esta  pobre  familia  pecadora 
que  ríe  llanto  al  par  que  risa  llora 
del  charco  al  borde,  quebradiza  caña? 

Pobre  madre  infeliz  que  te  quedaste 
peor  que  sin  tus  hijos,  de  madrasta 
de  los  de  aquel  que  los  llevó  al  descaste. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


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¿no  oyes  acaso  lo  que  llaman  casta 
les  castizos?  ¡Qué  caro  lo  pagaste! 
¿Cuándo  susurrarás,  (uSeñor,  ¡ycrhastah? 

Castizo,  que  es  un  término  de  origen  puro  y 
noble,  ha  llegado  a  significar,  por  el  equívoco  chu- 
lesco, de  taberna,  de  timba  y  de  burdel,  algo  deni- 
grante. Es  algo  así  como  caballero.  Toda  persona 
honrada  tiene  que  rechazar  el  honor  de  los  Caba- 
llé ros,  el  honor  de  lance  que  lleva  a  los  lances 
de  honor. 

V 

Eslabonado  con  a; que  viene  el  Cocoln 
otra  vez  lo  de  (.(¿quién  mató  a  Mecofü^ 
y  es  porque  el  pánico  ha  vuelto  al  muñeco 
sobre  fondo  de  memo  en  forma  loco. 

Triste  y  agazapado  está  en  el  foco 
de  la  podre,  prestando  oído  al  eco, 
que  no  sirve  querer  hacerse  el  zueco 
por  tontería  o  tal  vez  por  descoco. 


22 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Busca  el  triste  salvarse  en  el  enroque, 
mas  ni  hay  torre  que  pueda  serle  roca 
ni  sirve  al  Corazón  de  la  Alacocque, 

que  cuando  al  fin  su  San  Miguel  le  toca 
¡recuerdo  de  la  abuela l  es  el  disloque 
y  tiembla  el  belfo  de  la  austriaca  boca. 

A  la  frase  gallega  de  «¿quién  mató  a  Meco?»,  y 
que  recuerda  el  argumento  de  Fuenteovejuna,  la 
dió  aire  Don  Kugenio  Montero  Ríos,  el  de  la  di- 
fusión de  las  responsabilidades.  Cuando  vi  la 
última  vez  a  Don  Alfonso  XIII,  me  dijo,  entre 
otras  cosas,  que  ya  notaba  cómo  pedía  yo  que  se 
depurasen  las  responsabilidades  por  el  desastre  de 
Annual,  por  la  santiagada  del  general  Silvestre — 
«¡ole  los  hombres!» — ,  y  añadió  :  «Sí,  sí,  deben 
depurarse  todas  y  las  de  todos,  incluso  las  mías, 
si  me  alcanzasen.»  Trataba,  con  su  característica 
doblez,  de  desarmarme.  Y  luego  ayudaba  al  golpe 
de  Estado  para  impedir  que  se  llegase  a  depurar 
la  responsabilidad  — la  mayor  de  todas —  que  en 
la  disolución  moral  y  en  el  derrumbe  de  España 
le  cabe. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


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El  «Corazón  de  la  Alacocque»  alude  al  culto 
jesuítico  5^  pagano  del  llamado  Sagrado  Corazón 
de  Jesús  y  a  aquella  dicha  Gran  Campaña  Social 
que  patrozinada  por  la  Compañía  de  Jesús — en- 
traba en  ella  Judas — tuteló  Don  Alfonso  para  tener 
que  cortarla  luego  y  rogar,  como  a  mí  me  rogó, 
que  no  se  hablase  de  ella  más. 

«Su  San  Miguel»  es  el  día  de  San  Miguel,  29 
de  setiembre,  en  que  en  el  año  1868 — cumplía  yo 
cuatro  años — se  echó  de  España  a  la  pobre  doña 
Isabel  II,  abuela  de  Don  Alfonso. 

«La  austríaca  boca...»  Don  Alfonso  no  es  tanto 
un  Borbón  como  un  Austria,  un  Habsburgo,  de  la 
casta  de  Carlos  II  el  Hechizado. 


VI 


((¡Hay  que  aislar — dijiste — al  pesimista!* 
para  seguir  viviendo  del  embuste, 
siempre  temblando  que  llegue  el  ajuste 
de  cuentas  ron  el  corte  de  la  lista. 


0 


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MIGUEL  DE  UXAMUXO 


Que  si  el  abuelo  de  la  gran  conquista 
fué  ascético  y  gotoso  a  dar  en  Yuste 
un  deportista,  en  cambio,  de  tu  fuste 
de  un  circo  ha  de  rodar  sobre  la  pista. 

Almohada  te  da  el  juglar  Caobo 
de  la  ciudad  alegre  y  confiada 
— el  Caobo  no  es  sino  un  estrobo 

en  busca  de  tolete — con  la  espada 
de  Bernardo  abrazado  como  un  bobo 
puedes  dormir  tranquilo  en  esa  almohada. 

«Hay  que  aislar  a  los  pesimistas.»  He  aquí  una 
frase  de  Don  Alfonso,  digna  de  su  Ganso  Real — 
un  ganso  que  hace,  como'  el  pavo  real,  la  rueda — 
Primo  de  Rivera.  Que  si  las  de  éste  son  bertol- 
descas,  las  de  su  rey  son  cacasénicas.  Por  lo 
demás,  no  sabe  lo  que  quiere  decir  pesimismo  3^  es 
como  aquel  médico  que  recetando  dieta  láctea  a 
un  enfermo  llamó  pesimista  al  compañero  que  le 
dijo  que  con  esa  dieta  se  le  moriría  más  pronto. 
Su  optimismo  suele  ser  de  un  género  de  niño  pre- 


DE  FUER  TE  VENTURA  A  PARIS 


25 


COZ  de  cerca  ya  de  los  cuarenta  años  que  lee  a 
Julio  Verne  y  cree  que  «hoy  las  ciencias  adelan- 
tan que  es  una  barbaridad»,  texto  que  tanto  él 
como  su  ganso  real  deben  de  tenerlo  en  su  escogido 
repertorio  castizo. 

Sabido  es  que  Don  Jacinto  Benavente  escribió 
una  comedia  que  se  titulaba  La  ciudad  alegre  y 
confiada.  No  sabemos  si  alegre  con  vinos  naciona- 
les o  con  drogas- 

VII 

Al  i'crse  aislado  nuestro  gran  Felipe, 
¿a  quién  diréis  que  reclamó  en  auxilio? 
Al  cura  de  las  timbas,  a  Basilio 
Alvarez,  más  famoso  que  la  gripe. 

¿O  se  trata  tal  vez  de  que  le  equipe 
para  el  día  cercano  del  exilio 
o  le  prepare  algiin  castizo  idilio 
sin  miedo  a  que  la  brisa  le  constipe? 

Con  su  zarpa  heñirá  la  Unión  Patriótica 
ese  abad  convertido  en  alcahuete 
y  de  esa  España  alegre  y  estrambótica 


26 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


con  escoba  de  espadas,  mango  un  brete, 
barriendo  el  poso  de  cultura  exótica 
nuevos  nos  dejará  en  un  periquete. 

Este  soneto  lo  escribí  al  leer  la  noticia  de  que 
Don  Alfonso  había  recibido  en  audiencia  al  ex 
abad  Basilio  Alvarez,  tan  conocido  y  no  en  sacris- 
tías, y  que  escribía  en  La  Zarpa,  de  Orense,  sus 
zarpazos. 

VIII 

¡Oh,  fuerteveniurosa  isla  africana, 
sufrida  y  descarnada  cual  camello, 
en  tu  mar  compasiva  vi  el  destello 
del  sino  de  mi  patria !  Mar  que  sana 

con  su  grave  sonrisa  más  que  humana 
y  cambia  en  suave  gracia  el  atropello 
con  que  un  déspota  vil  ha  puesto  el  sello 
de  la  loca  barbarie  en  que  se  ufana. 

Roca  sedienta  al  sol,  Fuertev entura, 
tesoro  de  salud  y  de  nobleza. 
Dios  te  guarde  por  siempre  de  la  hartura, 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


27 


pues  del  limpio  caudal  de  tu  pobreza 
para  su  España  celestial  y  pura 
te  ha  de  sacar  mi  espíritu  riqueza. 

11-V-1924. 

Ya  con  este  soneto  entré  en  otro  campo.  Fuerte- 
ventura  es  una  isla  hoy  pobre,  mm-  pobre,  que 
puede  enriquecerse  si  logra  alumbrar  agua  ;  pero 
rica,  riquísima  en  la  nobleza  de  sus  habitantes, 
los  majoreros  — que  así  se  llaman — ,  y  en  la  mara- 
villa de  su  clima.  Mas  de  ella  he  de  escribir  larga- 
mente en  otro  libro. 

IX 

Tú,  mar  que  ocultas  a  mis  vivos  ojos 
la  tierra  envilecida  por  la  envidia, 
en  cuyo  coso  el  pordiosero  lidia 
para  matar  el  hambre  con  rebojos 

y  disputa  al  hermauo  los  despojos 
del  mezquino  botín  con  sorda  insidia, 
tu  henchido  pecho  con  su  espuma  anidia 
de  esa  castiza  lepra  los  rastrojos. 


28 


MIGUEL  DE  UNAMUXO 


Nace  en  ti  el  sol  y  con  rosado  dedo 
toca  mi  frente  por  tu  amor  curtida, 
vuelve  a  surcar  su  luminoso  ruedo, 

buscando  siempre  su  primer  partida, 
y  yo,  curado  de  la  noche  el  miedo 
despierto  al  sueño  que  es  mi  noble  vida. 

13-V-1924. 

Lo  más  triste  de  lo  que  ocurrió  en  España,  des- 
pués del  criminal  Manifiesto  del  13  de  setiembre, 
fué  el  ardor  de  las  denuncias  secretas.  Salió  afuera 
la  que  Menéndez  y  Pelayo  llamó  la  «democracia 
frailuna  española»,  origen  de  la  Inquisición,  y 
que  fué,  fundamentalmente,  el  régimen  de  la  en- 
vidia cainita,  de  la  mala  baba,  de  la  baba  empon- 
zoñada de  una  plebe  — no  pueblo —  a  la  que  no 
le  deja  medrar  la  excelencia  del  prójimo  o  su  buena 
suerte.  Lo  más  del  llamado  en  España  tradicio- 
nalismo no  es  sino  cainismo.  Se  persigue  al  hereje 
no  porque  con  sus  doctrinas  ponga  en  peligro  la 
salvación  de  sus  hermanos,  sino  porque  tiene  doc- 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


29 


trinas  y  no  necesita  atenerse  al  «eso  no  me  lo 
preguntéis  a  mí,  que  soy  ignorante»,  de  la  fe  del 
carbonero.  Se  exige  uniforme  porque  si  cada  uno 
se  viste  a  su  modo  el  otro  se  hará  notar  por  su 
atavío  y  pergeño  y  el  inquisitivo  no. 

A  raíz  del  Manifiesto  inquisitorial  hubo  diario 
como  El  5o/,  de  Madrid,  que  abrió  una  sección 
para  recibir  denuncias  y  brindárselas  al  Directo- 
rio. Quería  guardar  así  su  papel. 

Anidiar,  en  la  provincia  de  Salamanca  al  menos, 
significa  limpiar,  enjalbegar.  Es  voz  también  por- 
tuguesa, de  adnitidiare,  en  francés  nettoyer,  en 
catalán  netejar. 

X 

Voy  ya,  Señor,  a  los  sesenta,  historia 
larga  mi  vida  de  tenaz  empeño, 
y  siento  el  peso  del  eterno  sueño 
que  llega  con  la  carga  de  la  gloria. 

Cuarenta  años  son  ya  que  en  esta  noria 
uncido  al  yugo  de  roblizo  leño 
para  desarrugar,  Señor,  tu  ceño, 
voy  regando  de  España  la  memoria. 


30 


MIGUEL  DE  UNAMUKO 


Sin  SU  tumba  española,  triste  sino, 
dicen  que  no  hay  rincón  de  tierra  alguno  ; 
que  ni  un  rincón  de  cielo  cristalino 

haya  sin  una  cuna  — y  yo  la  cuno — 
de  idea  de  mi  lengua  determino 
que  ha  de  hacerlo  Miguel  de  Unamuno. 

13-V-1924. 

XI 

2  de  ma3'o  de  1S74,  en  Bilbao. 

Hace  ya  medio  siglo  — era  yo  un  niño  — 
cuando  en  mi  dulce  villa  el  Dos  de  Mayo 
vi  entre  nubes  brillar  el  primer  rayo 
de  libertad  civil.  En  el  escriño 

de  las  leyendas  guardo  con  cariño, 
bajo  la  sombra  augusta  de  Pelayo,  • 
tal  visión  infantil  por  si  un  desmayo 
me  turba  la  razón.  Tiene  el  armiño 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


31 


del  manto  real  mechones  de  raposa 
empapados  en  sangre  de  gallina 
y  aun  el  muñeco  que  lo  gasta  osa 

charlar  de  patria,  honor  y  disciplina, 
pero  siente  ya  el  peso  de  la  losa 
que  ha  de  cerrar  la  hoca  de  su  mina. 

13-V-1924. 

El  21  de  febrero  de  1S74,  cuando  no  tenía  sino 
nueve  años  y  medio  escasos,  sentí  caer  junto  a  mi 
casa  de  Bilbao  la  tercera  de  las  bombas  que  los 
carlistas  lanzaron  contra  la  Invicta  Villa  liberal. 
Cincuenta  años  justos  después,  el  21  de  febrero  de 
1924,  me  arrancaban,  los  carlistas  también,  de  mi 
hogar  de  Salamanca  para  enviarme  confinado  a 
Fuerteventura . 

Lo  de  «mechones  de  raposa»  no  se  refiere  a 
zorra  hembra.  Si  no  fuese  por  la  rima  habría  di- 
cho raposo,  pero  es  sabido  que  ese  nombre  es  co- 
mún de  dos.  Y  es  sabido  también  que  Don 
Alfonso,  que  admira  a  su  bisabuelo  Fernando  VII, 
se  cree  astuto  como  éste. 


32 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Lo  de  «sangre  de  gallina»  alude  a  la  frase  de 
Don  Alfonso,  que  cuando  supo  lo  que  los  rifeños 
pedían  por  el  rescate  de  los  cautivos  de  xVnnual 
dijo  que  estaba  muy  cara  la  carne  de  gallina.  He 
puesto  «sangre»,  aunque  la  verdad  es  que  aborrece, 
como  explicaré  al  comentar  el  soneto  98,  la  «efu- 
sión de  sangre»,  aborrece  la  hemofilia,  aquella 
triste  enfermedad  del  zarevich  que  llevó  al  trágico 
Rasputine  al  Palacio  del  último  zar  de  Rusia. 


XII 


Un  siglo  ya  que  al  turhidento  Riego 
hizo  ahorcar  el  abyecto  rey  Fernando, 
el  vil  tirano  de  cobarde  mando, 
siglo  en  que  España  no  ha  hallado  sosiego. 

Vuelve  el  digno  biznieto  al  mismo  juego 
y  nos  quiere  colar  de  contrabando 
la  monarquía  neta  al  par  que  dando 
a  su  tronchado  cetro  sangre  en  riego. 


DE  FUERTEVENTL'RA  A  PARIS 


33 


Mas  ni  aún  así  ese  basto  ha  de  dar  flores, 
m  hoja,  ni  fruta,  ni  ha  de  darnos  sombra, 
porque  se  ha  de  quemar  a  los  ardores 

del  sol  de  la  justicia  a  que  no  asombra 
nube  de  vil  pedrisco,  y  los  traidores 
al  pueblo  han  de  servir  al  fin  de  alfombra. 

13-V-1924. 

Se  ahorco,  no  se  degolló  a  Riego  ;  es  decir  que 
fué  sin  efusión  de  sangre  y  véase  el  comentario  al 
soneto  98.  Ya  Riego  no  se  le  ahorcó  por  haberse 
sublevado  en  Cabezas  de  San  Juan,  sino  por  haber 
declarado  en  las  Cortes  de  Sevilla,  con  otros  dipu- 
tados a  los  que  no  se  pudo  prender,  que  el  rey 
estaba  loco. 

Lo  que  no  sé  es  si  al  ser  ahorcado  vertió  o  no 
hacia  fuera  sangre  el  desgraciado  Riego,  no  sé  si 
fué  su  suplicio  con  efusión  de  sangre  o  sin  ella.  Y 
véase  a  este  respecto  el  comentari®  al  soneto  98. 

Viajando  una  vez  con  Don  Alfonso  XIII,  en  el 
tren,  desde  Zamora  a  Salamanca,  me  contó  cómo 

3 


34 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


hiendo  niño  se  divertía  en  la  Casa  de  Campo  en 
hacer  pasar  a  unos  cochinos  por  el  aro,  como  en 
el  circo,  ejercicio  muy  propio  de  un  rey  constitu- 
cional. Y  como  una  vez  le  hubiese  dado  uno  de  los 
cochinos  con  la  jeta  en  la  cara,  me  decía:  «Si  yo 
fuese  supersticioso  y  creyese  en  eso  de  la  metem- 
psícosis  !  — me  colocó  la  pepeleta ! —  habría  su- 
puesto si  era  que  el  alma  de  alguno  de  mis  antepa- 
sados, encarnada  en  aquel  cochino,  venía  a  salu- 
darme.» Don  Lorenzo  Domínguez  Pascual,  en- 
tonces ministro  de  Instrucción  pública,  que  tam- 
bién lo  oyó,  sonreía  esfíngicamente  y  acaso  pen- 
saba en  el  aro  constitucional.  Yo  me  acordé  de 
Fernando  VII,  el  bisabuelo  de  Don  Alfonso,  y 
de  aquella  su  frase:  «Entremos  todos,  y  3^0  el  pri- 
mero, por  la  senda  constitucional.»  Acaso  fué  él 
quien,  encarnado  en  aquel  cochino,  fué  a  repe- 
tírselo, con  un  gruñido,  a  su  biznieto.  Mas  como 
no  había  truchimán,  y  éste,  el  biznieto,  no  en- 
tendía, por  entonces  a  lo  menos,  la  lengua  por- 
cina, no  lo  comprendió. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS  35 


XIII 

a¡ Ahora  yo  soy  el  amo!»  Pobre  chico, 
y  lo  dijo  en  francés  del  Instituto. 
Admira  al  hisahuelo,  se  cree  astuto, 
y  hasta  presume  de  tener  huen  pico. 

Pero  como  no  es  ningún  Federico 
y  el  seso  tiene  de  sustancia  enjuto 
le  lleva  su  amo,  su  rocín,  un  bruto 
hasta  que  tenga  que  decir  «¡  abdico  !y> 

Ha  querido  colar  de  contrabando 
la  monarquía  neta,  la  del  cuco 
que  fué  el  abyecto  sétimo  Fernando, 

y  aunque  en  España  sobre  hoy  tanto  eunuco 
como  el  muy  listo  es  embustero  y  blando 
va  a  salirle  al  revés  el  viejo  truco. 

I5-V-I924. 

A  raíz  del  crimen  contra  la  Constitución  come- 
tido el  13  de  setiembre  de  1924,  Don  Alfonso  dijo 


36 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


a  uno  de  los  embajadores  extranjeros  :  Mainte- 
nant,  je  suis  le  maitre. 

\  Amo !  ¡  Señor !  Amo  no  ha  sido  nunca.  Para 
ser  amo  es  menester  empezar  por  serlo  de  sí  y 
de  su  lengua  y  de  su  firma.  El  que  cometió  la 
vil  cobardía  de  aceptar  el  Directorio  nunca  puede 
ser  amo  de  nadie  ni  de  nada.  Y  lo  de  por  amor  a 
España  es  mentira.  España  no  ha  sido  nunca  su 
patria,  sino  su  patrimonio.  Y  fundamentalmente 
la  desprecia. 

XIV 

a 

Te  llega  ya  tu  San  Pascual  Bailón, 
baila,  baila,  que  el  baile  ha  de  dar  fin 
y  ha  de  volverse  al  cabo  el  calcetín 
que  aun  no  ha  muerto  en  el  reino  la  nación. 

También  te  ha  de  bailar  el  corazón 
y  con  sus  sacudidas  el  serrín 
te  ha  de  salir  a  chorro  del  bacín, 
a  pesar  de  las  pellas  de  algodón. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


37 


En  esta  pobre  España  de  astracán, 
donde  se  dice  a  todo  siempre  ajaménh 
has  podido  reírte  con  desdén 

de  los  que  te  anunciaban  huracán, 
pero  déjate  ya  de  ese  va  y  ven, 
que  las  toman  allí  donde  las  dan. 

I5-V-I924- 

Don  Alfonso  nació  un  17  de  mayo,  día  de  San 
Pascual  Bailón.  Lo  demás  no  necesita  comentario. 


XV 


Mat.  XXV-14.30. 

Al  sol  de  la  verdad  pongo  desnuda 
mi  alma;  la  verdad  es  la  justicia 
que  a  la  postre  a  la  historia  siempre  enjuicia 
y  ante  la  cual  pura  la  fe  no  muda. 


38 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Él  me  enseñó  a  cantar  con  mi  voz  ruda 
lo  que  otros  callan  y  al  perverso  enjuicia 
y  me  enseñó  a  escapar  de  la  avaricia 
de  dones  del  Espíritu  ;  Él  me  escuda. 

Doy  lo  que  Dios  me  dió,  pues  mi  talento 
moral  no  entierro  por  temor  al  amo  ; 
mal  le  sirve  el  cobarde,  el  avariento  ; 

voy  a  su  ley  de  amor  como  a  reclamo, 
echo  mi  entera  mies  al  libre  viento 
que  deja  el  grano  y  que  se  lleva  el  tamo. 

16-V-1924. 

Esto  está  escrito  mientras  enteramente  desnudo 
tomaba  baños  de  sol  en  la  azotea  del  «Hotel  Fuer- 
teventura»,  de  Puerto  Cabras. 

La  parábola  evangélica  de  ios  talentos  debe  ser 
muy  conocida,  no  siendo  de  los  tradicionalistas 
cainitas,  para  que  tenga  que  exponerla  \'  expli- 
carla aquí.  Verdad  es  que  los  predicadores  harto 
tienen  con  despotricar  contra  lo  que  llaman  libe- 
ralismo. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


39 


XVI 

Ruina  de  volcán  esta  montaña 
por  la  sed  descarnada  y  'tan  desnuda, 
que  la  desolación  contempla  muda 
de  esta  isla  sufrida  y  ermitaña. 

La  mar  piadosa  con  su  espuma  baña 
las  uñas  de  sus  pies  y  la  esquinuda 
camella  rumia  allí  la  aulaga  ruda, 
con  cuatro  patas  colosal  araña. 

Pellas  de  gofio,  pan  en  esqueleto, 
forma  a  estos  hombres  — To  demás  conduto — 
y  en  este  suelo  de  escorial,  escueto, 

arraigado  en  las  piedras,  gris  y  enjuto, 
como  pasó  el  abuelo  pasa  el  nieto 
sin  hojas,  dando  sólo  flor  y  fruto. 

17-V-1924. 

Los  campesinos  majoreros  o  fuerteventurosos 
viven  principalmente  de  gofio,  harina  de  maíz  o 


40 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


trigo  — O  mezcla  de  ambos — ,  tostado  primero  y 
luego  molido  en  molino  de  viento.  Llaman  con- 
duto  — antiguamente  en  castellano  se  decía  con- 
ducho—  a  lo  que  acompaña  a  ese  fundamental 
manjar:  pescado  seco,  higos  secos,  queso,  etc., 
para  hacerlo  pasar.  ,  ' 

La  aulaga  es  un  esqueleto  de  planta;  la  camella 
es  casi  esquelética  y  Fuerteventura  es  casi  un 
esqueleto  de  isla. 

XVII 

Hechos  de  los  Apóstoles,  XXVIII,  20. 

Tu  evangelio,  mi  señor  Don  Quijote, 
al  pecho  de  tu  pueblo  cual  venablo 
lancé,  y  el  muy  bellaco  en  el  establo 
sigue  lamieyido  el  mango  de  su  azote, 

Y  pues  que  en  él  no  hay  de  tu  seso  un  brote, 
me  vuelvo  a  los  gentiles  y  les  hablo 
tus  hazañas,  haciendo  de  San  Pablo 
de  tu  fe,  ya  que  así  me  toca  en  lote. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


41 


He  de  salvar  el  alma  de  mi  España, 
empeñada  en  hundirse  en  el  abismo 
con  su  barca,  pues  toma  por  cucaña 

lo  que  es  maste,  y  llevando  tu  bautismo 
de  burlas  de  pasión  a  gente  extraña 
forjaré  universal  el  quijotismo- 

19-V-1924. 

Tampoco  quiero  exponer  lo  que  el  libro  de 
los  Hechos  de  los  Apóstoles  cuenta  en  ese  pasaje 
para  que  los  lectores  tengan  que  acudir  a  él. 
Aunque  esté  con  notas  de  un  jesuíta. 

XVIII 

Este  cielo  una  palma  de  tu  mano, 
Señor,  que  me  protege  de  la  muerte, 
del  alma,  y  la  otra  palma  este  de  Fuerte- 
ventura  sosegado  y  fiel  océano. 


42 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Porque  es  aquí,  Señor,  donde  me  gano 
contigo  y  logro  la  más  alta  suerte  ¡ 
que  es  no  ya  conocerte,  sino  serte,  ' 
ser  por  ti  de  mi  vida  soberano. 

Pues,  ¿qué  es  sino  lo  que  se  llama  historia. 
Señor,  tu  creativo  pensamiento 
aquí,  en  este  planeta,  vil  escoria? 

La  carne,  polvo,  se  la  lleva  el  viento 
y  luchando  mi  lucha  por  tu  gloria 
quedarme  en  esta,  que  se  queda,  siento. 

19-V-1924. 

He  dicho  y  repetido  que  la  Historia  es  el  pensa- 
miento de  Dios  en  la  Tierra  de  los  Hombres.  La 
historia  humana,  naturalmente,  porque  la  llama- 
da Natural  no  es  Historia. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


43 


XIX 

Y  si  te  encuentras  la  escarcela  hueca 
— y  hien  repleta  la  dejó  la  urraca — 
¿piensas  que  un  Cid  te  ha  de  traer  la  saca 
de  la  conquista  a  lohio  de  Babieca? 

¿Por  qué  ha  de  darte,  di,  la  gran  jaqueca 
ese  deporte  vil  de  toma  y  daca? 
Ahí  tienes  a  Ruhán,  que  es  una  vaca 
de  leche  de  oro  o  una  gallina  clueca. 

Mas  toma  en  cuenta  que  la  suerte  es  loca, 
que  no  hay  ya  quien  en  Flandes  ponga  pica, 
ni  te  son  nada  los  de  casa  y  boca; 

nadie  cree  que  el  ser  siervo  glorifica 
y  por  si  al  cabo  la  negra  te  toca 
Hazte  tu  pacotilla  y  luego  abdica. 

20-V-1924. 

Rubán  fué,  como  es  sabido,  el  caballo  de 
carrera  propiedad  de  Don  Alfonso  que  ganó  un 
primer  premio  corriendo  en  España. 


1 

I 

44  MIGUEL  DE  UNAMUNO 

«De  casa  y  boca»  se  llama  a  los  palatinos  a 
quienes  sostiene  el  rey,  pordioseros  con  títulos  de 
nobleza. 

XX 

Ecequiel,  II 

a  ¡Ponte  — me  dijo —  en  pie,  que  voy  a  ha- 

[hlarte!» 

Y  en  pie  me  puse  y  prosiguió:  uTu  raza, 

llena  de  desvario,  me  rechaza 

la  mano  fiel  con  que  le  doy  su  parte. 

Aun  confía  su  salud  en  Marte 
y  va  de  los  infieles  a  la  caza,.. 
¿Infieles?  En  sus  manos  puse  maza 
para  hacer  en  vosotros  el  descarte. 

Acuérdense  del  dia  del  estrago 
cuando  mi  dedo  les  mostró  el  camino, 
dia  de  la  justicia,  dia  aciago; 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


45 


ni  el  agua  que  pasó  vuelve  al  molino 
ni  montó  nunca  mi  siervo  Santiago 
más  que  tal  vez  en  un  manso  pollino.» 

*  20-V-1924. 

Santiago,  el  evangélico,  no  fué  caballero.  Nin- 
guno de  los  discípulos  de  Jesús  debió  de  montar  a 
caballo,  ya  que  él,  el  Maestro,  cuando  entró  en 
%  Jerusalén,  lo  hizo  montado  en  una  pollina.  Y  hasta 
lo  de  que  San  Pablo,  camino  de  Damasco,  fuese 
a  caballo  es  leyenda  extraevangélica. 

El  «estrago»  se  refiere  al  de  Annual,  acaecido 
cerca  del  día  de  Santiago  de  192 1. 

XXI 

Ya  sé  lo  que  es  el  porvenir:  la  espera 
tupida  de  ansias,  devorar  tas  horas 
sin  paladearlas,  confundir  auroras 
con  ocasos,  sentir  la  senda  huera. 


46 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Matar  el  tiempo  de  cualquier  manera 
forzando  al  sueño  con  abrumadoras 
pesadillas  de  hiél  y  en  las  sonoras 
oraciones  oír  rumor  de  quera. 

Siempre  aguardando  la  suprema  cita, 
la  de  la  libertad,  santa  palabra, 
pero  no  más;  soñar  en  la  garita 

mientras  el  tedio  en  nuestro  pecho  labra 
y  cuando  al  fin  el  fin  se  precipita 
se  abre  del  mar  de  la  oquedad  el  abra. 

22-V-1924. 

Esto  escribí  después  de  varios  días  de  acudir 
en  vano,  por  la  noche,  de  diez  y  media  a  doce,  a 
la  costa,  a  ver  si  llegaba  señal  del  barco  francés 
que  había  de  sacarme  del  confinamiento.  La  his- 
toria de  aquella  larga  y  emocionante  espera,  que 
duró  más  de  dos  meses,  he  de  contarla  algún  día. 


I 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 

XXII ' 


47 


¡Agua,  agua,  agua!  Tal  es  la  magua 
que  oprime  el  pecho  de  esta  gente  pobres- 
agua,  Señor,  aunque  sea  salobre: 
¿para  qué  tierra,  si  les  falta  el  agua? 

No  hay  caudal  que  soporte  una  piragua 
ni  hay  que  esperar  que  Dios  milagros  obre, 
ni  el  sediento  mortal  la  fuerza  cobre 
con  que  el  trabajo  la  riqueza  fragua. 

Y  les  ciñe  la  mar,  ¡pesada  broma 
del  Supremo  Poder l  Agua  a  la  vista, 
sin  que  traiga  verdura  la  paloma; 

hecho  el  cielo  de  nubes  una  pista 
y  cada  nube  hermética  redoma; 
¿hay  quien  ¡a  sed  junto  a  la  mar  resista? 

22-V-1924. 

Magua  es  una  voz  portuguesa  muy  usada  en 
las  islas  canarias.  Equivale  a  ansia,  pesar,  y  mejor 


48 


MIGUEL  DE  UNAMITNO 


a  lo  que  en  nuestro  siglo  xvi  quería  decir  man- 
cilla. 

XXIII 

¿Qué  dices,  mar,  con  tu  susurro?  ¡Dime! 
¿Ríes  o  lloras?  Pasando  las  cuentas 
del  eterno  rosario  me  acrecientas 
el  ansia  de  soñar  que  al  pecho  oprime. 

Es  tu  oración  sin  fin  canto  sublime, 
me  traes,  trayendo  fe,  las  horas  lentas 
que  me  trillan  el  alma  y  luego  avientas 
mi  grano  con  tu  brisa  que  redime. 

Es  tu  silencio  España  escarnecida... 
páramos  de  mi  España,  mar  de  piedra 
que  sufre  y  calla  y  al  callar  olvida 

es  tu  silencio,  que  aquí,  libre,  medra 
y  me  dice:  «.Conságrame  tu  vida, 
que  el  noble  nunca  ante  el  poder  se  arredra-y* 


23-V-1924. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


49 


XXIV 

Cuando  en  lago  de  nubes  peregrina 
la  luna  encima  de  la  mar  navega 
a  mi  alma,  nube  fugitiva,  llega 
rayo  de  luz  de  lívida  doctrina. 

Esa  barca  lunar  que  así  camina 
a  la  deriva  es  una  hoz  que  siega 
nubes  de  la  ilusión,  ¡oh,  triste  brega 
en  que  el  error  sobre  el  error  se  hacina! 

Naces  y  creces,  misteriosa  luna, 
menguas  y  mueres,  de  tu  luz  avara, 
pálido  espejo  de  mortal  fortuna; 

siempre,  triste,  nos  das  la  misma  cara 
y  mece  aquí,  en  este  rincón,  tu  cuna 
agua  que  los  pies  lame  del  Sahara. 

«> 

4 


50 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Se  refiere  a  una  visión  de  la  Luna  que  parecía 
navegar  en  un  lago  de  nubes,  encima  de  la  mar, 
en  una  de  las  noches  en  que  fui  a  esperar  si  lle- 
gaba el  barco  rescatador.  La  Luna  nace  en  Fuerte- 
ventura  en  el  horizonte  marino  que  confina  con 
las  playas  del  Sahara. 

XXV 

Buscando  palabras  para  los  sonetos. 

Como  las  olas  de  la  mar  inmensa 
me  llegan  las  palabras  de  tu  rico 
lenguaje,  pobre  patria,  y  no  me  explico 
cómo  aguanta  la  bomba  de  la  prensa. 

Batido  a  yunque  de  pasión  se  adensa. 
riqueza  soterraña  rinde  al  pico 
del  minero;  del  bieldo  al  abanico 
su  perfumado  tamo  el  aire  inciensa. 

Lengua  que  fué:  Cervantes  — la  sonrisa 
de  la  desilusión;  fué  viva  llama 
— Teresa;  fué:  Quevedo — adusta  risa 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS  51 

y  Góngora  ¡a  pompa  que  recama 
los  ocasos;  si  el  arte  no  la  sisa 
en  aguaducho  de  oro  se  derrama. 

23-V-1924. 

Sabido  es  lo  que  se  llamó  rima  engendradora,  y 
todo  el  que  hace  versos  conoce  el  valor  de  suges- 
tión de  un  consonante  obligado  para  colocar  el 
cual  surge  una  metáfora.  Ks  el  azar,  maestro  de 
libertad  encadenada.  Así,  en  el  soneto  XVII,  por 
ejemplo,  la  rima  de  venablo,  establo,  hablo  y  San 
Pablo.  O  en  el  XXII  las  rimas  en  agua. 

Aguaducho  quiere  decir  aquí  — y  en  tal  sentido 
es  como  primero  lo  oí,  en  Bilbao,  siendo  niño — , 
inundación  o  avenida  de  aguas. 

XXVI 

Ante  su  último  retrato. 

Ahora  que  voy  tocando  ya  la  cumbre 
de  la  carrera  que  mi  Dios  me  impuso 
— hila  su  liltima  vuelí^  al  fin  mi  huso — 
me  dan  tus  ojos  su  más  pura  lumbre. 


52 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Siento  de  la  misión  la  pesadumbre, 
grave  carga  deber  decir:     Acuso Ijí, 
y  en  esta  lucha  contra  el  mal  intruso 
eres  tú,  Concha  mía,  mi  costumbre- 

En  la  brega  se  pierde  hojas  y  brotes 
y  alguna  rama  de  vigor  se  troncha, 
que  no  en  vano  dió  en  vastagos  azotes; 

pero  al  alma  del  alma  ni  una  roncha 
tan  sólo  me  rozó  que  con  tus  dotes 
eres  de  ella  la  concha  tú,  mi  Concha. 

24-V-1924. 

En  toda  mi  lucha  civil  de  estos  últimos  años  el 
apoyo  mayor  que  he  tenido  es  la  entereza  de  espí- 
ritu de  la  compañera  de  mi  vida,  de  la  que  me 
prendé  casi  en  la  niñez,  de  la  que  ha  sido  y  es  mi 
baluarte  y  mi  más  hondo  consuelo.  ¡  Bendita  sea 
entre  las  mujeres ! 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


53 


XXVII 

Tranquilos  ecos  del  hogar  lejano, 
grises  recuerdos  del  fugaz  sosiego, 
suaves  rescoldos  de  apacible  fuego, 
cansada  ante  ellos,  tiémhlame  la  mano. 

Olas  que  sois  ensueños  del  Océano, 
y  en  cuya  vista  mi  morriña  anego, 
lavad  meciendo  mi  pasión,  os  ruego, 
mas  sin  abrirme  el  misterioso  arcano. 

¿Cuándo,  Dios  de  mi  España,  pondrás  tasa 
al  baldón  de  tu  pueblo  envilecido? 
No  pueblo,  no,  sino  cobarde  masa... 

Y  ¿cuándo  harás.  Señor,  compadecido, 
que  en  el  silencio  vivo  de  mi  casa 
me  dé  en  sus  brazos  al  más  santo  olvido? 


24-V-1924. 


54 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


XXVIII 

Ive3^endo  en  el  Dante,  Purgatorio  XXI,  133-139. 

Y  ¿no  estaré  luchando,  sombra  adusta, 
contra  pálida  sombra  de  molino, 

no  de  gigante,  que  al  vil  peregrino 
de  la  pordiosería  sólo  asusta? 

Y  esa  España  regida  asi,  a  la  fusta, 
¿.sombra  será  de  ocaso  en  el  camino 
que  a  derretirse  va,  triste  destino, 
allá  en  la  sombra  de  la  noche  augusta? 

Sombras  chinescas  son  esos  peleles 
que  toman  por  acción  el  viero  gesto 
de  sus  muecas;  ¿por  qué  tanto  te  dueles? 

Guarda,  sí,  es  tu  deber,  siempre  tu  puesto; 
mas  no  vale,  Miguel,  que  te  desveles 
ni  que  en  duelos  así  eches  el  resto. 

24-V-1924. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


55 


Cuando  el  Dante,  yendo  acompañado  de  Virgi- 
lio, encontró  en  el  Purgatorio  a  Estacio,  éste  fué  a 
abrazar  los  pies  de  Virgilio,  que  le  dijo:  «  Her- 
mano, no  lo  hagas,  que  eres  sombra  y  ves  som- 
bra . » 

Frate, 

Non  jar;  che  tu  se  omhra  ed  omhra  vedi 
XXIX 

Mira,  hermano  Cervantes,  no  te  asombre 
que  el  nombre  que  hemos  hecho  honor  y  gloria 
de  la  patria  común,  el  que  en  la  historia 

nos  une  ya  con  lazos  de  renombre. 

({¿Quién  como  Diosfn — sea  también  el  nombre 
de  ese  gran  majalulo  de  la  noria, 
pues  llegará  el  cernido  de  la  escoria 
cuando  al  fin  la  nación  se  desescombre. 

Aguarda,  colombroño,  el  primer  hito 
de  esta  senda  falaz  en  que  se  mete 
ciego,  sordo  y  perlático  el  maldito, 


56 


MIGUEL  DE  UK  UIUNO 


y  al  cabo  le  verás  preso  de  un  brete, 
porque  eso  no  es  Migutel  ni  Miguelito, 
es  veleta  de  torre,  es  miguelete. 

24-V-1924. 

Miguel  es  nombre  hebreo  que  quiere  decir 
«¿Quién  como  Dios?». 

Colomhroño  equivale  a  tacaño. 

Conocí,  de  vista  nada  más,  ¡claro!,  a  Miguel 
Primo  de  Rivera,  llamado  Miguelito  por  sus  fami- 
liares, en  Valencia,  cuya  torre  remata  en  el  Migue- 
lete. 

En  Fuerteventura  se  le  llama  guelfo  al  camello 
mamón,  o  de  leche;  luego  majalulo,  hasta  que 
empieza  a  trabajar,  a  los  tres  años,  y  luego  ca- 
mello- 

XXX 

Fuera  de  tu  casino,  tu  cotarro, 
no  había  mundo  para  ti,  mastuerzo; 
pero  mi  senda,  sábete,  no  tuerzo 
porque  tires  por  ella  con  tu  carro. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


57 


Arreglabas  la  tierra,  vil  chinarro, 
en  charla  huera  a  la  hora  del  almuerzo; 
mas  ya  verás  lo  que  hace  de  tu  esfuerzo 
este  que  llamas  ídolo  de  barro. 

De  un  caso  así  en  España  precedentes 
no  logro  hallar,  por  mucho  que  remonto; 
¿es  que  la  risa  general  no  sientes? 

Vuelve  a  ser  nadie  ya,  pero  muy  pronto, 
que  si  no  hasta  tus  mismos  asistentes 
te  dirán:  ¡Tonto!  ¡Tonto!  ¡Tonto! 

24-V-1924. 

Exageré  sin  duda  en  cierta  carta  que  se  dió 
como  pretexto  — no  a  mí,  que  ni  pretextos  me  die- 
ron de  ello —  para  mi  deportación,  cuando  dije  del 
Ganso  Real  que  tenía  menos  seso  que  un  grillo. 
Xo,  no  pasa  de  ser  un  tonto  medio,  un  tonto  sin 
mezcla  de  otra  cosa. 

El  verso  onceno  puede  leerse  como  va  puntuado 
o  colocando  general  entre  comas.  Es  de  saber  que 


58 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


una  generalidad,  o  sea  lo  que  se  le  ocurre  general- 
mente a  un  general,  es  una  vaciedad  elevada  al 
cubo. 

XXXI 

Cuando  el  cansancio  de  esperar  me  ahriiina 
y  me  vuelvo  al  afán  de  cada  día 
contemplo  ansioso  vuestra  teoría, 
sonetos  de  la  mar,  olas  de  espuma. 

Y  al  perderos  de  vista  allá  en  la  bruma 
del  horizonte,  aun  busca  el  alma  mía 
cómo  fináis  donde  en  la  lejanía 
rendido  el  cielo  con  la  mar  se  suma. 

Borregos  de  la  mar,  generaciones 
figuráis  sea  de  hombres  o  sonetos; 
pasan  las  obras,  pasan  las  naciones, 

queda  la  mar,  guardando  sus  secretos; 
calma  su  espuma  ntíestros  corazones 
cansados  podrá  ser,  mas  nunca  quietos. 


25-V-1924. 


DE  FUERTEVENTüRA  A  PARIS 


59 


A  las  olas  de  espuma  de  alta  mar  se  les  llama 
borregos  y  también  cabrillas;  en  inglés  caballos  de 
mar  see  horses  ;  en  francés,  moutons. 

Pero  ¿son  estos  sonetos?  Lo  digo  por  lo  que  le 
ocurrió  a  un  soldado  estudiante,  en  \^alladolid,  y 
es  que  escribió  una  composición  rimada  }■  de  en- 
cargo para  una  jura  de  la  bandera  y  al  pasar  luego 
revista  el  capitán  general  cuando  llegó  a  él  le  dijo: 
«Bien,  muy  bien,  muchado,  por  esas  quintillas», 
y  como  él  cuadrándose  contestara:  «No  son  quin- 
tillas, mi  general,  son  décimas»,  el  otro,  con  voz 

j  mando:  «¡Quintillas  he  dicho!»  Y  no  sé  si  fué 
el  mismo  general  que  refiriéndose  a  unos  Ensayos 
que  un  amigo  mío  publicaba  en  un  diario  local 
decía:  «Hasta  eso  aprovechan  para  meterse  con 
el  Directorio  y  eso  que  los  ensayos  son  cosa  de 
teatro.»  Y  es  que  hay  quintillas  y  ensayos  de 

rdenanza. 

XXXII 

Ya  como  a  propia  esposa  al  fin  te  abrazo, 
¡  oh  mar  desnuda,  corazón  del  mundo, 
y  en  tu  eterna  visión  todo  me  hundo 
y  en  ella  esperaré  mi  último  plazo! 


6o 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


De  ti  mi  pensamiento  es  ya  un  pedazo 
en  coso  estrecho  siempre  vagah'unUo, 
y  a  ti  he  de  buscar  en  lo  profundo 
de  este  mundo  y  del  otro  vivo  lazo. 

Soñaba  en  ti  cuando  en  la  adusta  tierra 
de  Castilla  vivía  la  llanura 
que  se  alza  al  cielo  en  la  remota  sierra; 

soñaba  en  ti,  la  virgen  Escritura 
no  leída  jamás,  donde  se  encierra 
el  sino  que  secreto  siempre  dura. 

25-V-1924. 

Bs  en  Fuerteventura  donde  he  llegado  a  conocer 
a  la  mar,  donde  he  llegado  a  una  comunión  mística 
con  ella,  donde  he  sorbido  su  alma  y  su  doctrina. 
Y  le  llamo  «la  mar»  y  no  «el  mar»  porque  los 
mares  son  el  Mediterráneo,  el  Adriático,  el  Rojo, 
el  Indico,  el  Báltico,  etc. 

Sino  — y  sirva  para  en  adelante —  es  el  signo  o 
conjunción  de  planetas  y  estrellas  bajo  que  nace 
uno  y  que  se  cree  determina  su  suerte  toda- 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 
XXXIII 

Surgió  esa  larva  de  amarillos  ojos 
de  entre  las  nieblas  del  antaño  oscuro, 
de  un  credo,  no  de  un  acreoD  vil  e  impuro 
trayendo  entre  sus  patas  los  despojos. 

Para  aumentar  del  alma  los  cor  do  jos 
se  puso  a  levantar  un  recio  muro 
que  de  la  libre  busca,  que  es  su  apuro, 
nos  cure  los  heréticos  antojos. 

Al  huroneo  vuelve  el  Santo  Oficio 
más  bruto  aún,  vestido  de  guerrera, 
y  nos  han  hecho  del  terror  el  quicio 

de  la  vida  de  España  prisionera, 
que  en  cielo  negro  no  cata  resquicio 
de  luz  que  nos  anuncie  primavera. 


62 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


La  larva  es  la  Inquisición,  siempre  latente  en 
España,  y  que  al  conjuro  del  Manifiesto  del  13 
de  setiembre  se  hizo  vigente.  Y  la  Inquisición  cas- 
trense es  mil  veces  peor  que  la  eclesiástica,  por 
ser  más  torpe  y  zafia. 

No  hay  nada  más  desatinado  que  un  proceso 
militar.  El  juez  militar  suele  ignorar  hasta  el  valor 
de  las  palabras  del  Código.  Y  es  que  el  colmo  del 
absurdo  es  erigir  en  jueces  a  los  verdugos,  o  que- 
rer discurrir  con  el  puño. 

XXXIV 

La  mar  ciñe  a  ¡a  noche  en  su  regazo 
y  la  noche  a  la  mar;  la  luna,  ausente; 
se  hesan  en  los  ojos  y  en  la  frente; 
los  besos  dejan  misterioso  trazo. 

Derritense  después  eii  un  abrazo, 
tiritan  las  estrellas  con  ardiente 
pasión  de  mero  amor  y  el  alma  siente 
que  noche  y  mar  la  enredan  en  su  lazo. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


63 


Y  se  baña  en  la  oscura  lejanía 
de  su  germen  eterno,  de  su  origen, 
cuando  con  ella  Dios  amanecía, 

y  aunque  los  necios  sabios  leyes  fijen, 
ve  la  piedad  del  alma  la  anarquía 
y  que  leyes  no  son  las  que  nos  rigen. 

2S-V-1924. 

Para  nuestros  oficiales,  anarquista  es  palabra 
vitanda,  la  palabra.  Es  como  protesta.  A  una  Co- 
misión del  Casino  de  Salamanca  que  al  presentarse 
al  Gobernador  militar  empezó  diciendo  que  pro- 
testaba de  su  respeto  a  las  leyes,  le  atajó  el  coronel 
diciendo:  «¡No,  no  sigan  por  ese  camino,  nada  de 
protestas!»  Se  le  advirtió  contra  la  palabra.  Y  es 
que  protesta  debe  sonarle?  a  protestantismo  o  a 
protesto  de  letras.  Y  nunca  ven  más  allá  de  la 
letra.  El  espíritu  no  es  cosa  de  ordenanza. 


64 


MIGUEL  DE  UXAMUNO 


XXXV 

Raya  celeste  de  la  mar  serena, 
se  echa  de  bruces  sobre  ti  mi  mente 
y  abreva  en  ti,  misteriosa  fuente, 
el  secreto  de  Dios  de  que  estás  llena. 

Eres  su  regla,  la  única,  la  buena, 
la  que  nunca  se  tuerce  ni  resiente, 
la  que  mide  los  cielos  sonriente 
y  a  nivel  de  razón  al  mundo  ordena- 

Cuando  a  mi  juicio  en  su  raíz  agita 
el  vil  agravio  que  me  graba  el  pecho 
acudo  a  ti  como  a  divina  cita 

y  encuentro  en  ti  para  mis  ansias  lecho, 
tú,  la  palabra  del  Señor  escrita, 
palabra  original,  que  es  el  derecJio. 

28-V-1924. 

La  raya  celeste  de  la  mar  serena  es  la  línea  del 
horizonte  que  nos  ofrece  la  imagen  relativamente 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


65 


más  perfecta  de  la  línea  recta,  del  nivel,  del  sím- 
bolo de  la  regla  de  lo  derecho  o  sea  del  derecho.  Y 
digo  relativamente  porque  ya  sabemos,  sobre  todo 
después  de  Einstein,  que  no  hay  línea  recta  abso- 
luta, que  sería  en  todo  caso  la  de  una  circunfe- 
rencia u  otra  curva  de  radio  infinito.  Ni  la  luz 
parece  que  va  en  línea  recta. 

A  cuyo  propósito  he  de  recordar  que  cuando, 
apenas  lo  escribí,  leí  este  soneto  a  mi  amigo  del 
alma  J.-E.  Crawford  Flitch,  mi  traductor  al  inglés, 
que  me  acompañó  durante  cuaranta  días  — una 
cuaresma —  en  Fuerteventura  y  le  dije  que  la  raya 
celeste  de  la  mar,  el  horizonte  marino-celestial,  era 
lo  que  de  derecho  nos  ofrece  la  naturaleza  me  con- 
testó señalándome  el  cielo,  en  que  por  un  resquicio 
de  nubes  se  colaba  una  raza  de  lumbre  del  sol 
poniente:  «Y  el  rayo  del  sol.» 

XXXVI 

Palabras  del  idioma  de  Quevedo, 
henchidas  de  dobleces  de  sentido, 
cada  una  de  vosotras  es  un  nido 
de  sutiles  conceptos,  y  el  enredo  5 


66 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


de  la  maraña  que  fraguáis  el  dedo 
del  ingenio,  con  arte  recogido, 
lo  desenreda  y  salva  del  olvido 
vuestra  alma  secular.  Rendido  cedo 

de  vosotras,  palabras  palpitantes 
de  amor  a  quien  os  ama,  al  dulce  halago 
que  endulzó  la  amargura  de  Cervantes: 

acalladme  las  voces  del  estrago, 
sed  para  mi  lo  que  ya  fuisteis  antes 
y  ayudadme  a  tragar  este  mal  trago, 

28-V-1924. 

XXXVII 


Y  ¿qué  vendrá  después?  Tal  la  pregunta 
que  se  hacen  en  España  los  borregos 
del  rebaño  cobarde  y  luego  ciegos 
marchan  a  paso  de  cansada  yunta. 


DE  KUERTEVENTüRA  A  PARIS 


67 


Todos  los  tontos  forman  una  junta 
de  defensa  — hay^os  pad.es  y  los  legos — , 
matan  el  tiempo  en  ridículos  juegos, 
huyen  del  alba  que  en  el  cielo  apunta. 

Ellos  quieren  saber  el  mote  propio 
del  que  en  corto  redil  ha  de  acarrarlos 
— los  motes  son  de  su  rutina  el  opio — 

si  será  Alfonso,  Cacaseno  o  Carlos; 
que  les  dejen  hacer  de  alfalfa  acopio 
y  pueden  a  puñadas  esquilarlos. 

28-V-1924. 

Excusado  decir  que  los  no  tontos,  los  avisados, 
los  propios,  para  nada  necesitan  de  juntas  de 
defensa.  Ya  Treitsclike  dijo  que  estaba  reservado 
al  siglo  XIX  ver  formarse  el  partido  político  de  los 
tontos.  En  España  al  partido  de  los  tontos  cai- 
nitas, los  de  la  mala  baba,  los  incapaces  de  jui- 
cio y  sentido  propios,  se  les  empieza  a  llamar 
Unión  Patriótica.  Entre  los  tontos  hay  algunos 
que  se  creen  pillos. 


68 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


XXXVIII 

¡Solitarios  sin  fin  a  la  baraja!  . 
Al  viento  del  azar,  blando  tirano, 
como  las  olas  de.  la  mar,  mi  mano 
tiende  los  naipes.  Este  que  no  encaja 

y  el  otro  que  del  juego  se  desgaja-.. 
Y  van  las  horas,  mas  no  van  en  vano; 
que  ese  azar,  de  la  historia  soberano,, 
así,  piadoso,  vais  pesares  maja. 

Ved,  reyes  de  cartón,  cómo  os  maneja 
por  mano  de  quien  sólo  busca  olvido 
de  sus  pesares  el  supremo  potro 

de  tortura;  le  suena  vuestra  queja 
rumor  de  ola  en  arenal  perdido, 
a¡ Paciencia  y  barajaríais  que  dijo  el  otro. 


30-V-1924. 


Mi  amigo  Flitch,  que  conocía  mi  afición  a  matar 
tiempo  perdido  y  adormecer  la  imaginación  so- 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


brexcitada  haciendo  solitarios  con  la  baraja 
— ^juego  de  paciencia,  que  dicen  aquí — ,  me  ofreció 
una  baraja  francesa  para  que  lo  hiciese. 

Lo  que  entre  nosotros  es  oros  aquí  son  corazo- 
nes, las  copas  son  cuadrados;  las  espadas,  picos; 
los  bastos,  tréboles.  Lo  que  entre  nosotros  caballos, 
aquí  son  damas,  o  reinas.  Los  re\'es  son  aquí:  el 
de  corazones  — oros —  Cario  Magno;  el  de  copas 
— cuadrados —  César;  el  de  espadas  — picas —  Da- 
vid, y  el  de  bastos  — tréboles —  Alejandro.  Y  sus 
damas  son:  Judit,  Raquel,  Palas  y  Argine.  ¡Qué 
mezcolanza  regia ! 

«¡Paciencia  y  barajar!»  es  la  frase  que  Don 
Quijote  oyó  en  la  cueva  de  Montesinos. 

XXXIX 

Volviendo  a  leer,  después  de  más 
de  cuarenta  años,  Doña  Perfecta, 
de  Galdós. 

Remonto  entre  tus  páginas  pajizas 
el  curso  de  mi  vida,  ya  no  escaso, 
y  en  sueños  heho  el  agua  de  aquel  vaso 
que  se  rompió  en  mi  mocedad.  Cenizas 


70 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


me  riegas  tierno  y  con  tii  riego  brizas 
mis  recuerdos  de  antaño,  con  que  amaso 
el  pan  que  pronto  mantendrá  mi  ocaso, 
cuando  mi  patria  se  haga  toda  trizas. 

Días  en  que  ignorante  de  tus  males 
nací,  España,  a  la  historia  oyendo  el  grito 
de  mi  Bilbao,  que  en  las  marinas  sales 

de  su  ría  recibe  el  don  bendito 
de  la  mar  libre,  días  liberales 
que  me  llenó  de  ensueños  Don  Benito. 

'*  31-V-1924. 

XL 

¿Cuál  de  vosotras,  olas  de  consuelo 
que  rodando  venís  desde  la  raya 
celestial  y  surcando  con  la  laya 
espumosa  a  la  mar  el  leve  suelo; 

cuál  de  vosotras  que  aviváis  mi  anhelo 
viene  del  fiero  golfo  de  Vizcaya? 
¿Cuál  de  vosotras  con  su  lengua  ensaya 
cantos  que  fueron  mi  primer  desvelo? 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


71 


¿Sois  acaso  sirenas  o  delfines, 
a  brizar  mi  recuerdo  estremecido 
que  de  la  mar  se  ahoga  en  los  confines? 

¿Cuál  de  vosotras,  olas  del  olvido, 
trae  acá  los  zortzicos  danzarines 
de  los  regatos  de  mi  dulce  nido? 

31-V-1924. 

XLI 

€Del  fiero  golfo  de  Vizcaya  llego  », 
me  canta  una  ola  y  a  mis  pies  perece 
y  con  su  canto  de  agonía  mece, 
Dios  mío,  esta  zozobra  en  que  me  anego. 

Dime,  Señor  de  España,  te  lo  ruego 
por  la  mar  de  mi  tierra,  ¿es  que  merece 
tanto  baldón  que  así  la  entenebrece 
y  que  a  su  corazón  ha  puesto  ciego? 

Oigo,  Señor,  cómo  mi  patria  gime 
con  llanto  vil  de  sórdido  mendigo, 
sin  que  haya  nadie  que  sus  bretes  lime; 


72 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


gusta  bajeza  — de  ello  soy  testigo — 
y  pienso  si  la  mano  que  la  oprime 
de  verdugo  será  con  tu  castigo. 

31-V-1924. 

XLII 

Liberales  de  España,  pordioseros, 
(da  realidad,  decís,  se  nos  imponey>] 
pero  esa  realidad.  Dios  os  perdone, 
es  la  majada  de  que  sois  carneros. 

Como  estáis  solos,  ¡  oh,  legión  de  ceros !, 
no  valéis  nada,  ni  hay  quien  eslabone 
vuestra  cadena  ni  el  cantar  entone 
que  hace  mover  el  remo  a  los  remeros- 
Liberales  de  España,  cortesanos 
no  de  la  espada,  de  la  teresiana, 
comprendo  al  fin  que  no  sois  mis  hermanos; 


DE  FUERTE  VENTURA  A  PARIS 


73 


echáis  la  siesta  con  heroica  gana, 
guardáis  la  lengua  en  las  temblonas  manos 
y  dais  al  esquileo  vuestra  lana. 

3I-V-I924- 

En  una  carta  que  recibí  en  Fuerteventura,  y 
escrita  por  uno  de  los  ex  diputados  socialistas,  se 
me  decía  que  era  forzoso  atemperarse  a  la  realidad. 
A  lo  que  contesté  que  realidad  viene  de  res,  cosa, 
y  pueden  creer  que  liay  que  plegarse  a  ella  los  que, 
conforme  a  la  interpretación  llamada  materialista 
de  la  historia,  opinan  que  son  las  cosas  las  que 
hacen  a  les  hombres  y  los  llevan;  pero  los  que, 
como  yo,  creemos,  en  sentimiento  histórico  de  la 
historia,  que  son  las  personas,  los  hombres,  los 
que  hacen  las  cosas  y  las  llevan  no  debemos  plegar- 
nos a  esa  realidad  material  y  que  conmigo  llevé  a 
la  isla  la  personalidad  de  España. 


74 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


XLIII 


Alli  donde  su  planta  pone  el  hombre 
riega  con  sangre  la  inocente  tierra, 
hace  luego  la  historia,  que  es  la  guerra, 
rebusca  revivir  en  el  renombre. 

Aunque  de  flores  Dios  el  suelo  alfombre 
a  sus  errores  el  mortal  se  aferra 
y  por  los  yermos,  Caín  triste,  yerra 
donde  al  hermano  con  su  sombra  asombre. 

Desde  que  el  pobre  descubrió  la  muerte 
no  encuentra  al  mundo  espiritual  sentido, 
ni  en  paz,  Señor,  consigue  conocerte; 

le  pone  miedo  y  le  engatusa  olvido 
y  es  para  siempre  su  maldita  suerte 
pagar  su  deuda  por  haber  nacido. 


I-VI. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


7 


XLIV 

Betancuria. 

Enjalbegada  tumba  es  Betancuria, 
donde  la  vida  como  acaba  empieza, 
tránsito  lento  a  que  el  mortal  se  aveza 
lejos  del  tiempo  y  de  su  cruel  injuria. 

Se  oye  en  esta  barranca  la  canturía 
de  la  resignación  en  la  pobreza, 
la  majorera  — blancas  tocas —  reza 
entre  ruinas,  soledad,  penuria... 

Desnuda  la  montaña  en  que  el  camello 
buscando  entre  las  piedras  flor  de  aulaga 
marca  en  el  cielo  su  abatido  cuello; 

mas  de  la  tierra  en  la  sedienta  llaga 
pone  el  geráneo  con  su  flor  el  sello 
de  la  mujer  que  nuestra  pena  apaga. 


2-VT. 


76  MIGUEL  DE  UNAMUXO 


El  día  primero  de  junio  visité  Betancuria,  en 
compañía  de  varios  amigos,  entre  ellos  Ramón 
Castañeyra  y  Crawford  Flitch.  Está  la  villa,  cuyo 
nombre  recuerda  a  Juan  de  Betancourt,  el  descu- 
bridor y  conquistador  — ¡vaya  una  conquista! — 
de  Fuerte  ventura,  en  el  fondo  de  un  estrecho  y 
cerrado  valle,  casi  un  barranco,  y  rodeada  de 
escuetas  y  peladas  montañas.  Allí  hay  olivos, 
almendros,  palmas,  una  austera  tristeza  y  todo  ello 
blanco,  muy  blanco.  Blancas  de  jalbegue  las  casi- 
tas, blanca  la  iglesia,  en  que  rezaban  unas  majo- 
reras tocadas  con  sus  mantillas  blancas.  Visitamos 
las  ruinas  del  convento  de  Franciscanos,  en  que 
vivió  y  oró  y  soñó  San  Diego  de  Alcalá.  En  las 
casitas  había  macetas  de  geráneos,  que  ponían  su 
canto  rojo  en  el  silencio  blanco.  Sobre  una  de  las 
montañas,  en  su  cuchilla,  se  destacaba  en  el  cielo, 
al  volver  nosotros,  el  contorno  esquinado  de  un 
camello,  con  el  cuello  abatido  al  suelo  y  buscando 
acaso  una  esquelética  aulaga  para  la  rumia- 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


77 


XLV  y  XLVII 

Reflujo. 

Horas  de  aflojamiento  en  que  el  vacío 
me  hincha  la  mente,  presa  de  galbana; 
se  muere  el  porvenir  en  la  desgana 
y  en  la  desgana  muere  el  albedrío. 

Como  vadeando  en  mes  de  agosto  un  rio, 
los  recuerdos  en  lenta  caravana 
cruzan  por  mi  memoria  y  de  ella  mana 
contra  mi  terco  empeño  triste  hastío. 

Duerme  la  mar  y  calla,  duerme  el  viento, 
duerme  en  el  lento  olvido  al  fin  la  herida 
del  agravio  y  con  ella  el  pensamiento; 

cual  de  carcoma  que  en  el  alma  anida 
siento  el  susurro  del  remordimiento 
de  haber  ligado  a  una  misión  la  vida. 

4-VI. 


78 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Pero  no,  pero  no,  que  es  el  reflujo 
de  la  marea  espiritual  que  tapa 
con  podre  el  alma  y  con  la  sucia  tapa 
que  del  mosto  de  amor  deja  el  orujo. 

n¡Y  todo  vanidad !y)  es  un  tapujo 
del  que,  menguado,  de  la  lucha  escapa 
y  a  ese  torpe  saber  como  una  lapa 
se  apega,  cuyo  tedio  es  sólo  lujo. 

¡La  mar,  la  mar,  la  mar!  Amar  la  vida 
y  amamantarse  de  la  lucha  eterna, 
sentir  el  mimo  de  su  sacudida, 

cuando  murmura  sus  memorias  tierna, 
mimo  que  merma  la  mortal  herida 
en  que  el  hartazgo  con  hastío  alterna. 

6-VI. 

XLVI 

Lo  que  sufres,  mi  pobre  España,  es  coma 
que  tienes  asentado  en  el  cerebro, 
y  con  todas  sus  aguas  el  padre  Ebro 
no  ha  de  lavar  la  mugre  de  Sodoma. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


79 


Era  tu  corazón,  hija  de  Roma, 
duro  cual  la  madera  del  enebro, 
mas  hete  que  te  ha  dado  al  fin  el  quiebro 
esa  canalla  vil  que  vive  en  broma. 

Reblandecida  te  rendiste  al  macho, 
que  entre  sandeces,  sin  pasión,  te  pega 
y  te  paga  después  con  un  gazpacho; 

mas  para  el  día  de  tu  fin  que  llega, 
tiene  ya  su  recurso,  es  un  capacho 
en  que  tus  huesos  a  la  tierra  entrega. 

4-V. 

Cuando  escribí  este  soneto,  hace  ya  más  de 
medio  año,  no  me  acongojaba  como  ahora  el  aspecto 
patológico  de  la  tiranía  que  sufre  España.  Porque 
hoy  creo  que  ]os  locos  que  la  están  precipitando 
en  su  ruina  lo  son  de  locura  específica,  son  pre- 
paralíticos  progresivos,  son  enfermos  del  terrible 
morbo  que  sopla,  como  un  vendaval,  sobre  Europa 
convulsionada. 


8o 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


XLVIII 


No  hay  un  puñado  de  tierra  perdido 
sin  una  tumba  española  olvidada, 
y  esto  consuela  a  los  necios  que  nada 
tienen  al  fin  que  salvar  del  olvido. 

Quiero  colgar  con  mis  maíios  un  nido 
de  pensamientos,  mi  España  adorada, 
que  tú  me  has  dado,  envainando  la  espada, 
de  cada  trozo  de  cielo  encendido. 

ííj  Tierra  !y>,  gritaron  las  tres  carabelas, 
las  que  encelaron  conquistas  de  muerte, 
y  con  el  grito  se  hincharon  las  velas; 

a  ¡Mar!)}  es  el  sino  que  sella  mi  suerte, 
mar  que  entre  luces  te  escondes  y  celas 
nunca  en  el  cielo  deje  yo  de  verte. 


6-VI. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS  8l 

No  sé  de  dónde  es  eso  de 

no  hay  un  puñado  de  tierra 
sin  una  tumba  española. 

¡  Tumbas !  Eso  es  lo  que  hemos  sembrado  por  el 
mundo;  eso  es  lo  que  dejaremos  en  Marruecos. 
Que  no  será  la  cuna  de  ningún  español  que  nos 
ensanche  el  cielo. 

XLIX 

En  Playa  Blanca. 

Olas  gigantes  de  la  mar  bravia 
que  canta  el  sueño  férreo  de  Vizcaya, 
cunada  en  el  sosiego  de  esta  piara, 
os  sueña  con  morriña  el  alma  mía. 

Curtió  vuestra  salina  la  osadía 
que  traspuso  del  cielo  azul  la  raya, 
la  que  su  suerte  en  el  océano  ensaya 
y  en  él  su  vida  al  huracán  confía. 


82 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Ciñó  a  la  tierra  por  la  mar  Elcano, 
pues  era  vasco  y  le  venía  estrecho 
su  golfo  patrio:  se  lanzó  al  arcano; 

rico  artesón  de  estrellas  le  dio  techo; 
jué  el  timón  laya  en  su  segura  mano; 
con  él  del  mundo  se  ensanchó  su  pecho. 


L.  y  LI 


Recio  materno  corazón  desnudo, 
mar  que  nos  meces  con  latido  lento, 
haña  tu  azul  mi  oscuro  pensamiento 
y  cuando  me  le  llenas  ya  no  dudo. 

Eres,  postrado,  del  Señor  escudo, 
nido  gigante  del  gigante  viento 
que  en  ti  es  silencio  y  es  sólo  lamento 
al  chocar  con  la  tierra  donde  sudo. 


DE  KUERTEVENTURA  A  PARIS 


Insondables  ternezas  tu  latido 
pulso  del  mundo  y  de  sus  penas  noria, 
nos  dice  al  corazón  en  el  oído; 

de  su  augusta  niñez  guardas  memoria 
y  tu  cantar,  preñado  del  olvido, 
descúbrenos  el  fondo  de  la  historia. 

Y  si  su  música  a  soñar  ayuda 
¿a  qué  buscarle  letra  y  argumentof 
Como  las  pobres  letras  muda  el  viento, 
pero  no  el  canto  cuando  el  viento  muda. 

Cigarra  colosal,  con  boca  muda, 
cantan  sus  alas,  cantan  el  contento 
de  beber  luz  y  da  su  canto  aliento 
el  alma  que  en  sus  olas  se  desnuda. 

Toda  eres  sangre,  mar,  sangre  sonora, 
no  hay  en  ti  carne  de  los  huesos  presa, 
sangre  eres,  mar,  y  sangre  redentora. 


84 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


sangre  que  es  vino  en  la  celeste  mesa; 
los  siglos  son  en  ti  una  misma  hora 
y  es  esta  hora  de  los  siglos  huesa. 

7-VI. 

Después  de  escrito  este  segundo  soneto  me  he 
enterado  de  que  la  cigarra  no  canta,  como  el 
grillo  — que  no  vuela —  con  las  alas  precisamente, 
sino  con  algún  tímpano  que  tiene  debajo  de  ellas. 
Pero  no  es  cosa  de  variar  el  soneto,  y  en  todo  caso 
esa  es  la  creencia  vulgar.  Hesiodo,  en  el  verso  584 
de  Los  trabajos  y  los  días,  parece  suponer  que  la 
cigarra  canta  con  las  alas,  hypo  pterygon,  si  es 
que  no  quiere  decir  bajo  «las  alas» . 

¡Dime  qué  dices,  mar,  qué  dices j  dimel 
Pero  no  me  lo  digas;  tus  cantares 
son  en  el  coro  de  tus  varios  mares 
una  voz  sola  que  cantando  gime. 


DE  KUERTEVENTURA  A  PARIS 

Ese  mero  gemido  nos  redime 
de  la  letra  fatal  y  sus  pesares, 
hajo  el  oleaje  de  nuestros  azares 
el  secreto  secreto  nos  oprime. 

La  sinrazón  de  nuestra  suerte  abona, 
calla  la  culpa  y  danos  el  castigo; 
la  z'ida  al  que  nació  7io  le  perdona; 

de  esta  enorme  injusticia  sé  testigo, 
que  así  mi  canto  con  tu  canto  entona 
y  no  me  digas  lo  que  no  te  digo. 

8- 

IvIII 

Horas  serenas  del  ocaso  breve, 
cuando  la  mar  se  abraza  con  el  cielo 
y  se  despierta  el  inmortal  anhelo 
que  al  fundirse  la  lumbre  lumbre  bebe. 

Copos  perdidos  de  encendida  nieve 
las  estrellas  se  posan  en  el  suelo 
de  la  noche  celeste  y  su  consuelo 
nos  dan  piadosas  con  su  brillo  leve. 


86 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Como  en  concha  sutil  perla  perdida, 
lágrima  de  las  olas  gemebundas, 
entre  el  cielo  y  la  mar  sobrecogida 

el  ahna  cuaja  luces  moribundas 
y  recoge  en  el  lecho  de  su  vida 
el  poso  de  sus  penas  más  profundas. 

8-VI. 

LIV 

¿Es  camello  la  nube  o  el  camello 
es  una  nube,  vaporosa  gasa, 
que  a  ras  de  tierra  a  paso  lento  pasa 
dando  al  viento  su  cálido  resuello? 

Su  flotante  contorno,  ¿es  bruma  o  vello? 
¿Celeste  espuma  su  armazón  o  masa 
de  huesos,  piel,  carne  metida  y  grasa? 
¿Puso  el  aire  o  la  tierra  aquí  su  sello? 

Cuando  el  sol  llega  a  su  dorada  puesta 
sobre  nube  de  piedras  — la  montaña — 
me  devano  los  sesos  por  si  presta 


DE  FUERTE  VENTURA  A  PARIS 


87 


tomo  la  sombra  al  cuerpo  o  nos  engaña; 
si  es  la  vida  el  ensueño  de  una  siesta, 
si  la  historia  es  leyenda  o  es  patraña. 


No  extrañe  nadie  que  oponga  en  cierto  modo  la 
leyenda  a  la  patraña-  La  leyenda  es  la  verdadera 
historia,  pues  la  leyenda  es  lo  que  creen  los  hom- 
bres que  ha  sucedido.  Y  lo  que  uno  cree  que  ha 
sucedido  influye  más  en  su  acción  que  lo  que 
sucedió  de  veras.  Se  ha  dicho  que  gana  una  batalla 
el  que  cree  haberla  ganado.  Y  se  le  vence  al  adver- 
sario cuando  se  le  hace  creer  que  está  vencido.  Lo 
mismo  que  es  escribiendo  historia  — o  leyenda — 
narrándola,  como  se  hace  historia  y  se  forja  por- 
venir. 

En  la  noche  de  este  día,  13  de  junio,  se  nos 
fué,  conmovidísimo,  y  con  lágrimas  en  los  ojos, 
Mr.  Flitch.  Comimos  con  él,  a  bordo  del  Tordera, 
cuyo  capitán  era  un  vasco,  un  bermeano. 


88 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


LV 


Te  da  en  la  frente  el  sol  de  la  mañana 
recién  nacido,  pálida  doncella, 
misteriosa  visión,  fugaz  estrella, 
que  te  derrites  en  la  luz.  Hermana 

de  la  que  nace  cuando  la  campana 
tocando  a  la  oración  doliente  sella 
la  fatiga  de  un  día  más,  la  mella 
que  sume  al  alma  en  la  mortal  desgana- 

El  alha  y  el  ocaso  cruzan  manos, 
y  así,  a  la  silla  de  la  reina,  al  día 
y  a  la  noche,  rendidos  soberanos, 

los  llevan  a  enterrar.  Triste  sería 
que  al  despertar  de  nuestros  sueños  vanos 
luz  y  sombra  lucharan  a  porfía. 


14-VI. 


DE  FUERTEVENTUEA  A  PARIS 


89 


Se  llama  la  «silla  de  la  reina»  al  asiento  que  dos 
personas  pueden  ofrecer  a  otra  cruzando  sus  cuatro 
nanos  de  modo  que  se  cojan  con  ellas  las  muñe- 
cas. 

LVI 

Al  frisar  los  sesenta  mi  otro  sino, 
el  que  dejé  al  dejar  mi  natal  villa, 
brota  del. fondo  del  ensueño  y  brilla 
un  nuevo  porvenir  en  mi  camino. 

Vuelve  el  que  pudo  ser  y  que  el  destino 
sofocó  en  una  cátedra  en  Castilla, 
me  llega  por  la  mar  hasta  esta  orilla 
trayendo  nueva  rueca  y  nuevo  lino. 

Hacerme,  al  fin,  el  que  soñé,  poeta, 
vivir  mi  ensueño  del  caudillo  fuerte 
que  el  fugitivo  azar  prende  y  sujeta; 

volver  las  tornas,  dominar  la  suerte 
y  en  la  vida  de  obrar,  por  fuera  inquieta, 
derretir  el  espanto  de  la  muerte. 

18-VI. 


90 


MIGUFX  DE  TJNAMTjNO 


Siempre  me  ha  preocupado  el  problema  de  lo 
que  llamaría  mis  ayos  ex-futuros» ,  los  que  pude 
haber  sido  y  dejé  de  ser,  las  posibilidades  que  he 
ido  dejando  en  el  camino  de  mi  vida.  Sobre  ello  he 
de  escribir  un  ensayo,  acaso  un  libro.  Es  el  fondo 
del  problema  del  libre  albedrío. 


LVII 

Hilo  el  negro  toisón  de  la  quimera, 
nuhe  que  ciñe  con  su  manto  .suave 
a  la  argentada  Luna  y  que  a  la  nave 
de  mi  magín  da  velas  de  carrera. 

Hilo  el  negro  toisón,  siempre  en  espera 
de  que  la  hebra  algtin  día  se  me  acabe 
y  en  ese  día  se  me  dé  la  llave 
de  la  puerta  de  allende  la  frontera- 
Hilo  el  negro  toisón  con  el  que  emboza 
su  desnudez  la  noche,  y  de  ese  paño 
hac[o  la  alfoínbra  de  la  humilde  choza 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


que  me  erijo  en  el  cielo.  Por  peldaño 
tiene  una  cruz  y  con  su  techo  roza 
los  pies  de  Dios  en  el  sublime  escaño. 

iS-VI. 

LVIII 

Te  has  hecho  ya,  querida  mar,  costumbre 
para  mis  ojos,  pies,  pecho  y  oídos, 
cansados  de  esperar,  y  tus  quejidos 
añaden  a  los  míos  pesadumbre. 

Tus  olas  bajo  el  sol  despiden  lumbre, 
como  mis  pensamientos  cuando  heridos 
por  la  cruel  verdad  miran  rendidos 
del  calvario  de  amor  la  áspera  cumbre. 

Amor  de  patria  que  ellos  con  su  boca 
blasfema  están  manchaiido  en  su  estulticia, 
no  amor  de  barro,  sino  amor  de  roca, 


92 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


amor  que  enseña  la  mortal  caricia 
de  garra  de  león,  amor  de  loca 
pasión  de  fe  encendida  en  la  Justicia. 

2I-VI. 

«Quien  bien  te  quiera  te  hará  llorar»,  dice  el 
refrán.  Yo  quisiera  hacer  llorar  a  mis  hermanos 
en  España,  pero  lágrimas  de  sangre  — el  Cristo 
sudó  como  sangre  en  el  olivar — ,  lágrimas  bro- 
tadas de  una  cara  encendida  en  el  rojor  de  la 
vergüenza  por  haber  soportado  las  coces  de  los 
verdugos. 

LIX 


Después  de  leer  en  La  Publi- 
citat  del  23-V-924  la  segunda 
edición  del  artículo,  en  cata- 
lán, «Psicología  de^  garlaires». 

No  vacía,  mas  llena  de  vacio, 
que  es  peor,  lleva  el  Ganso  la  cabeza; 
tiene  al  vacío  horror  Naturaleza, 
y  un  tonto  así  es  un  monstruoso  crio. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


93 


Charla  mas  sin  decir,  se  le  va  en  brío 
en  mueca  y  guiño,  manotea^  aceza, 
rastreando  en  vano  alguna  pobre  pieza 
que  le  saque  tal  cual  de  tanto  lío. 

Un  tonto  entontecido  es  triste  cosa 
cuando,  mortal,  la  ambiente  cobardía 
le  hace  cotarro  y  resistirle  no  osa; 

el  tirano  mejor,  la  tiranía, 
como  trabaja  alguna  vez,  reposa, 
mas,  ¿se  puede  cansar  la  tontería? 

22-VI. 

El  artículo  distinguía,  en  catalán,  entre  garlar, 
diferente  de  parlar,  que  ni  es  tan  bajo  como  xerrar 
ni  tan  noble  como  enraonar.  En  español  tenemos: 
barbotar,  charlotear,  charlar,  parlar,  hablar  y 
conversar.  Garlaire  es  propiamente  charlatán.  «El 
charlatán  es  el  hombre  que  sufre  la  embriaguez  de 
la  palabra.  Siente  el  gusto  de  decir  cosas  que  le 
parecen  interesantes  y  agradables.  Se  escucha  a  sí 


94 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


mismo  y  encuentra  que  los  otros  han  de  sentir  el 
mismo  gusto  en  escucharle.» 

Añade  la  cruz  que  representa  oírlos  como  se 
emborrachan  hablando — otras  veces  hablan  borra- 
chos de  vino — hacen  el  efecto  de  vanidosos — ellos 
presumen  alguna  vez  de  soberbios,  ¡pobres  ton- 
tos ! — ,  y  encuentran  aduladores.  «Si  uno  de  estos 
hombres  llega  a  cierta  representación  personal 
toma  por  costumbre  el  hablar  repetidamente  al 
público,  y  si  no  puede  hablar,  escribe-  Y  cuando 
ha  acabado  alza  los  ojos  como  pidiendo  el  aplauso 
entusiasta.  ¿Verdad  que  lo  he  hecho  bien?  parece 
decir  con  la  mirada.  Al  principio,  el  auditorio 
sonríe,  pero  acaba  poniéndose  triste.»  «Charlando 
se  hinchan  y  se  les  pone  roja  la  cara,  y  les  ríen 
los  ojos  y  les  cantan  las  músicas  a  los  oídos.» 
¿Músicas?  No,  eso  no  es  música;  eso  no  es  mas 
que  matraca,  murga. 

Acaba  el  artículo:  «Coged  todas  las  explicacio- 
nes, alocuciones,  himnos,  relatos,  cuentos  y  cuen- 
tecillos  de  los  charlatanes  3-^  pasadlos  por  un  ce- 
dazo. Por  muy  fino  que  sea  todo  se  irá  abajo  y 
encima  brillará  la  nada  cubierta  con  la  hojarasca 
de  las  palabras  vanas.» 


DE  FUERTE  VENTURA  A  PARIS 


95 


l  Y  si  así  fuese !  Pero  en  ei  fondo  de  los  mani- 
fiestos, alocuciones,  notas  oficiosas,  preámbulos 
de  reales  decretos,  discursos,  cartas  3'  declaracio- 
nes del  3^Iarqués  de  Estella  o  los  que  ha  hecho 
redactar  a  otros  tan  botarates  como  él  ha}^,  cu- 
briendo la  nada  conceptual  y  sentimental  y  voli- 
cional,  una  hojarasca  podrida,  llena  de  fango  y 
de  excrementos  de  macho  y  de  veneno  de  mala 
baba.  Las  groserías,  los  insultos,  las  injurias,  las 
calumnias  y  los  embustes  que  ha  echado  encima 
de  los  antiguos  políticos,  de  aquellos  de  quienes 
solicitó  favores,  no  siempre  lícitos,  y  a  quienes 
felicitó  por  los  actos  mismos  de  que  después  les 
incriminaba,  son  algo  más  y  peor  que  fiiUaraca  de 
les  páranles  vanes. 

El  trágico  (! tonto  entontecido»  — con  un  enton- 
tecimiento acaso  de  origen  mórbido  específico  y  de 
masculinidad —  se  ha  confesado  alguna  vez, 
aunque  de  modo  indirecto,  incompetente,  ambi- 
cioso y  soberbio,  pero  de  buena  fe.  Xo  incompe- 
tente, sino  tonto;  no  ambicioso,  sino  codicioso;  no 
soberbio,  sino  vanidoso.  Y  tampoco  de  buena  fe. 

Y  respecto  al  trabajo,  he  de  recordar  que  siendo 


90  MIGUEL  DE  UNAMUNO 

yo  niño,  allá  en  mi  Bilbao,  jugábamos  con  el  co-  ') 
chorro  — el  melolontha  vidgaris,  en  francés  han-  i 
neton —  rompiéndole  por  la  mitad  una  de  las  pati-  í 
tas,  metiéndole  por  lo  que  de  ello  le  quedaba  un  ^ 
alfiler  unido  a  una  cintita  de  papel  arrollada  a  un 
palito  y  haciéndole  volar  en  torno  a  éste  con  unas 
sacudidas.  Y  el  que  lograba  que  su  cochorro  diera  1 
vueltas  al  palito  volando  y  zumbando  decía   :  j 
«¡  Qué  trabajador  es  el  mío !»,  y  le  cantaba: 

j 

Chitolea.  pa\'olea,  vola,  vola  tú.  \ 

Así  me  parece  el  pobre  Ganso  Real,  que  revo-  | 
lotea  en  torno  al  palo  de  la  dictadura  como  un  | 
cochorro  y  que  a  eso  le  llama  trabajar.  Al  princi-  I 
pió  de  la  dictadura^decían  algunos  de  sus  admira- 
dores: «¡Si  trabajará,  que  hace  cinco  días  que  no 
va  a  casa  de  zorras ! »  Después  ha  alquilado  otros 
cochorros,  algunos  que  se  dicen  civiles,  y  les  hace 
hacer  estatutos  municipales  y  otras  quisicosas  más. 
Y  los  pobres  abejorros,  con  su  patita  rota  y  su 
cinta  de  servidumbre,  revolotean  zumbando  en 
torno  al  palo  que  les  sujeta.  Lo  que  no  logró  en- 
contrar es  quien  le  hiciese  el  proyecto  de  ley  del 


DE  FUERTE\'EXTURA  A  PARIS 


impuesto  único,  otra  tontería  de  que  oyó  hablar  en 
el  Casino  o  durante  una  juerga.  O  en  el  Lebrero 
de  Jerez,  donde  dice  que  aprendió  la  ciencia  de  la 
gobernación  del  pueblo. 


LX 


Es  una  antorcha  al  aire  esta  palmera, 
verde  llama  que  busca  al  sol  desnudo 
para  heherle  sangre;  en  cada  nudo 
de  su  tronco  cuajó  una  primavera- 

Sin  bretes  ni  eslabones,  altanera 
y  erguida,  pisa  el  yermo  seco  y  rudo, 
^ara  la  miel  del  cielo  es  un  embudo 
la  copa  de  sus  venas,  sin  madera. 

No  se  retuerce  ni  se  quiebra  al  suelos- 
no  hay  sombra  en  su  follaje,  es  luz  cuajada 
que  en  ofrenda  de  amor  se  alarga  al  cielo, 


7 


98 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


la  sangre  de  un  volcán  que  enamorada 
del  padre  Sol  se  revistió  de  anhelo 
y  se  ofrece,  columna,  a  su  morada. 

22-  VI. 

LXI 

Vuelve  hacia  atrás  la  vista,  caminante, 
verás  lo  que  te  queda  de  camino; 
desde  el  oriente  de  tu  cuna  el  sino 
ilumina  tu  marcha  hacia  adelante- 
Es  del  pasado  el  porvenir  semblante; 
como  se  irá  la  vida  así  se  vino; 
cabe  volver  las  riendas  del  destino 
como  se  vuelve  del  revés  un  guante. 

Lleva  tu  espalda  reflejado  el  frente; 
sube  la  niebla  por  el  rio  arriba 
y  se  resuelve  encima  de  la  fuente; 

la  lanzadera  en  su  vaivén  se  aviva; 
desnacerás  un  día  de  repente; 
nunca  sabrás  dónde  el  misterio  estriba. 

23-  vi. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


99 


En  mi  novela  — o  nivola —  Niebla  he  expuesto 
ya  esta  fantasía  — ¿sólo  fantasía? —  de  una  histo- 
ria que  va  del  porvenir  al  pasado,  de  una  película 
que  invierte  su  marcha  ordinaria. 


LXII 


Pleamar,  bajamar;  alza  su  pecho 
y  lo  abate  el  Océano  cada  día; 
hay  horas  encumbradas  de  osadía 
y  horas  en  que  la  je  rueda  a  su  lecho. 

Horas  que  al  corazón  le  viene  estrecho 
todo  el  cielo  de  luz,  y  horas  que  espía, 
lívido  y  quieto,  la  mirada  fría 
de  la  Muerte  que  cree  ver  en  acecho. 


Ya  en  la  corona  del  Señor  se  posa, 
ya  rueda  de  su  escaño  a  la  hondonada, 
donde  su  horror  encuentra  propia  fosa; 


100 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


ya  sale  con  el  Sol  por  la  alborada, 
ya  se  pone  en  la  noche  tenebrosa 
sin  luna  y  sin  estrellas  de  la  Nada. 

27-VL 

Dos  días  antes  de  escrito  este  soneto  llegaron 
por  segunda  vez  a  Puerto  Cabras  M.  H.  Dumay, 
director  de  Le  Quotidien,  su  mujer  y  hermano  de 
ésta,  un  ruso.  Venían  a  arreglar  de  nuevo  la  eva- 
sión. El  barco  L^Aiglon,  un  bergantín  goleta, 
había  tardado  más  de  un  mes  de  Marsella  a  Moga- 
dor.  El  día  27  se  fueron  a  Las  Palmas.  Y  empeza- 
ron unos  días  de  agitación,  de  ansiedad  — de  que 
he  de  contar  cuando  haga  el  relato  objetivo  de  la 
cautividad  y  de  la  liberación — ,  en  que  la  vena 
poética  estaba  seca  o  congelada. 

EXIII 

Horas  dormidas  de  la  mar  serena; 
se  cierne  el  Tiempo  en  alas  de  la  brisa; 
cuaja  en  el  cielo  azul  una  sonrisa 
y  todo  él  de  eternidad  se  llena. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


lOI 


Abrese  el  Sol  su  más  íntima  vena, 
corre  su  sangre  sin  retén  ni  sisa, 
Naturaleza  oficia  en  muda  misa, 
que  es  de  la  paz  sin  hombres  santa  cena. 

Todo  es  visión,  contemplativo  oficio; 
nada  en  el  ciclo  ni  en  la  mar  padece; 
es  sin  pena  ni  goce  el  sacrificio; 

de  ensueño  el  Universo  se  estremece, 
y  de  la  pura  idea  sobre  el  quicio 
en  el  ahna  de  Dios  mi  alma  perece. 

2S-VI. 

Este  soneto  refleja  un  momento  de  inmersión  en 
la  vida  más  entrañada,  más  íntima,  en  medio  de 
la  agitación  histórica. 

LXIV 

No,  no  es  Credos  aquella  cordillera; 
son  nubes  del  confín,  nubes  de  paso 
que  de  oro  viste  el  sol  desde  el  ocaso; 
sobre  la  mar,  iio  roca:  bruma  huera. 


102 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Gredos,  que  en  la  robusta  primavera 
de  mi  vida  llenó  de  mi  alma  el  vaso 
con  visiones  de  gloria  que  hoy  repaso 
junto  a  esta  mar  que  canta  lagotera. 

¡Aquel  silencio  de  la  inmoble  roca 
lleno  de  gesto  de  cordial  denuedo ! 
I  Aquel  silencio  de  la  inmensa  boca 

del  cielo,  en  que  ponía  sello  el  dedo 
del  A  Imanzor !  ¡  En  su  uña  al  paso  choca 
y  se  rompe  la  sierra  de  remedo! 

29- VI. 

Compárese  este  soneto  con  el  54  y  véase  el 
mismo  concepto  poético  — o  sea  creativo —  sobre 
la  nube  y  el  camello,  la  nube  y  la  sierra.  Kl 
Almanzor  es  el  pico  más  alto  de  Gredos;  en  él  se 
quiebran  las  nubes  que  fingen  aristas  desde  lejos, 
cumbres  de  sierra- 

Después  de  escrito  este  soneto  el  día  i  de  julio 
supe  que  mi  hijo  mayor,  con  su  mujer,  habían 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


103 


llegado  a  Las  Palmas,  donde  se  vieron  con  los  de 
L^Aiglon  que  venían  a  libertarnos,  y  esperaron 
allí  el  resultado,  creyendo  que  nos  evadiríamos  a 
la  isla  de  Madera  y  de  allí  a  Lisboa  para  ir  a  Fran- 
cia. El  2  llegó  Delfina  Molina  Vedia  de  Bastia- 
nini,  mi  amiga  argentina,  con  su  hija,  y  se  fué  el 
6.  El  día  9  nos  evadimos  y  el  11  llegamos  a  Las 
Palmas,  donde  me  reuní  con  mis  hijos.  El  21  em- 
barcamos en  el  Z celan dia,  con  rumbo  a  Charbugo. 
Todo  lo  cual  contare  cuando  haga  el  relato  de  la 
aventura. 

LXV 

Raices  como  iú  en  el  Océano 
echó  mi  alma  ya,  Fuerteventura, 
de  la^criiel  historia  la  amargura 
me  quitó  cual  si  fuese  con  la  mano. 

Toqué  a  su  toque  el  insondable  arcano 
que  es  la  fuente  de  nuestra  desveninra 
y  en  sus  olas  la  mágica  escritura 
descifre  del  más  al!o  Soberano. 


104 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Un  oasis  me  fuiste,  isla  bendita; 
la  civilización  es  un  desierto 
donde  ¡a  fe  con  la  verdad  se  irrita; 

cuando  llecriié  a  tu  roca  llegué  a  puerto 
y  esperándome  allí  a  la  última  cita 
sobre  tu  mar  vi  el  cielo  todo  abierto. 

A  bordo  del  Zeelandia 
rumbo  a  Lisboa,  22-VIL 

• 

El  25  de  junio  me  escribió  una  carta  desde  Anti- 
bes  mi  amigo  del  alma  Mr.  J.-E.  Crawford  Flitch. 
La  carta  está  en  inglés  y  de  ella  traduzco  este 
párrafo : 

((Vine  acá  el  sábado  desde  Marsella.  Viniendo 
en  el  tren,  por  la  tarde,  la  hermosura  de  esta 
costa  me  sobrecogió  :  la  fresca  y  lujuriante  vegeta- 
ción, el  suave,  brillante  y  silencioso  mar,  las  relu- 
cientes, blancas  villas,  el  aspecto  de  sonriente 
serenidad  y  bienestar,  parecía  como  un  paraíso 
terrenal.  Parecía  irreal.  Parecía  imposible  que  la 
vida  pudiera  estar  tan  en  absoluto  sin  dureza,  sin 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


105 


austeridad.  Sí,  estoy  un  poco  asustado  de  ello. 
Temo  ir  a  dormirme  aquí.  Ha}'  una  especie  de 
sensualidad  incubando  en  todo  ello.  Aquí  el  ani- 
mal que  hay  en  el  hombre  zapa  al  espíritu.  Usted 
no  hace  falta  aquí ;  no  ha^^  quehacer  aquí  para 
usted ;  el  mundo  está  muy  bien  como  está  ;  no  ha}^ 
nada  por  qué  esforzarse,  por  qué  luchar,  irse  a 
dormir  y  dejar  de  molestarse-» 

Y  más  adelante: 

(í  ¡  Fuerteventura  !  ¡  Estoy  casi  nostálgico  de 
Fuerteventura !  ¡  Inolvidable  isla  f  Para  mí  Fuer- 
teventura fué  todo  un  oasis,  un  oasis  donde  mi 
espíritu  bebió  de  las  aguas  vivificadoras  y  salí 
refrescado  y  corroborado  para  continuar  mi  viaje 
a  través  del  desierto  de  la  civilización.  No  puedo 
decirle  todo  lo  que  he  ganado  en  mi  contacto  con 
usted.  Veo  la  vida  desde  un  ángulo  diferente.  Sí, 
creo  que  iba  a  dormirme  antes  de  llegar  a  Fuerte- 
ventura;  pero  ahora  estoy  de  nuevo  despierto.» 

¿Que  he  de  añadir  a  esto? 


io6 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


LXVI 

Sed  de  tus  ojos  en  la  mar  me  gana; 
hay  en  ellos  tamhicn  olas  de  espuma, 
■rayo  de  cielo  que  se  anega  en  hruma 
al  rompérsele  el  sueño,  de  mañana. 

Dulce  contento  de  la  vida  mana 
del  lago  de  tus  ojos;  si  me  abruma 
mi  si}io  de  luchar,  de  ellos  rezuma 
lumbre  que  al  cielo  con  la  tierra  hermana. 

Voy  al  destierro  del  desierto  oscuro, 
lejos  de  tu  mirada  redentora 
que  es  hogar  de  mi  hogar  sereno  y  puro, 

voy  a  esperar  de  mi  destino  la  hora; 
voy  acaso  a  morir  al  pie  del  muro 
que  ciñe  al  campo  que-  r/ii  patria  implora. 

A  bordo  del  Zeelandia,  frente 
a  las  costas  de  Francia,  26- VIL 

Puede  cotejarse  este  soneto  con  el  26. 


A  Juan  Cassoii, 
en  París. 


Le  llamo  a  usted,  mi  querido  amigo,  compañero 
y  paisano,  Juan  y  no  Jean,  porque,  aunque  ciuda- 
dano y  hasta  funcionario  francés  es  usted  a  la  vez 
español,  hijo  de  española  — ¡y  qué  noble  espa- 
ñola ! —  y  nacido  en  aquel  Deusto  de  que  tan  dulces 
recuerdos  de  niñez  y  mocedad  conservo,  allí  al  lado 
de  mi  Bilbao.  Y  quiero  enviarle  los  sonetos  que 
he  escrito  en  París,  como  he  querido  poner  al 
frente  de  los  de  Fuerteventura  a  Ramón  Cas- 
tañeyra.  Porque  usted  es  el  padrino  de  muchos  de 
ellos  y  usted  ha  sido  no  sólo  uno  de  mis  mejores 
traductores  al  francés,  sino  mi  mejor  guía  en 
París. 

i  Lo  que  hemos  hablado  aquí  de  literatura  fran- 
cesa y  española,  y  que  bien  me  ha  defendido  usted 
de  los  que  a  toda  costa  quieren  arrancarme  juicios 
sobre  los  literatos  y  poetas  actuales  de  aquí,  lo 
que  no  es  sino  puro  caholinagc ! 


io8 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Un  día  compre  aquí  Les  odeurs  de  Paris,  del 
famoso  libelista  sedicente  católico  Louis  Venillot, 
y  al  final  de  esas  diatribas  me  encontré  con  una 
pequeña  colección  de  sonetos.  Precédelos  un  breve 
prólogo  que  se  titula  El  derecho  al  soneto. 

De  donde  tomo  estos  pasajes:  aMucbas  perso- 
nas me  advierten  que  es  vergonzoso  hacer  sonetos 
cuando  se  escribe  en  prosa,  y  más  vergonzoso 
mostrarlos...))  Y  luego:  «Ninguna  ley  del  arte  pro- 
hibe al  estatuario  esculpir  medallones,  al  pintor  de 
historia  hacer  croquis  y  hasta  bosquejar  carica- 
turas, al  prosista  acoplar  rimas-  Ciertos  pensa- 
mientos no  reciben  su  verdadera  forma  mas  que 
en  verso.  Las  rimas  son  dientes,  unas,  alas.  Todos 
los  prosistas  lo  han  sentido,  casi  todos  han  tentado 
algún  ensayo,  rara  vez  feliz,  lo  confieso.» 

Luego  cuenta  la  historia  de  aquel  soldado  espa- 
ñol, a  quien  le  rompieron  una  mano  de  un  arca- 
buzazo,  que  fué  llevado  cautivo  entre  ciertos  ber- 
beriscos, que  no  quiso  mendigar  ni  hacerse  mu- 
sulmán, y  provisto  de  una  guitarra  cantaba  con 
áspera  voz  canciones  de  su  cosecha.  Y  cüando 
algún  berberisco,  sobre  todo  los  alguaciles,  le 


DE  FüERTEVENTURA  A  PARIS  I09 

decía:  «¿No  te  da  vergüenza,  viejo  soldado,  de 
rascar  una  guitarra?»,  respondía:  «  Dejadme  libre 
la  mano  que  me  queda  y  me  veréis  hacer  otra 
cosa.» 

Y  yo  añado  que  cabe  pelear  a  guitarrazo  limpio. 
O  a  sonetazos. 

No  son,  sin  embargo,  de  batalla  ni  todos  ni  los 
más  de  estos  sonetos  parisienses.  Fuerteventura 
me  ha  acompañado  a  París;  es  aquí,  en  París, 
donde  he  digerido  a  Fuerteventura  y  con  ella  lo 
más  íntimo,  lo  más  entrañado  de  España,  que  la 
bendita  isla  fuerteventurosa  simboliza  y  concen- 
tra. Aquí,  en  París,  donde  no  hay  montaña,  ni 
páramo,  ni  mar,  aquí  he  madurado  la  experiencia 
religiosa  y  patriótica  de  Fuerteventura. 

Había  estado  aquí,  en  París,  hace  treinta  y  cinco 
años,  cuando  la  Exposición  Universal  de  1889, 
cuando  se  inauguró  la  torre  Eiffel,  y  tenía  yo  vein- 
ticinco años,  y  he  vuelto  a  cumplir  aquí  mis 
sesenta... 


Pero  como  veo  que  si  me  dejo  llevar  de  mi  genio 
esta  chachara  por  escrito  no  va  a  acabarse  nunca, 


no 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


dejo  que  vuelvan  a  decirle  de  mí  y  de  nuestra  Es- 
paña 3^  de  su  mancilla  mis  sonetos. 
Le  abraza, 

Miguel  de  Unamuno. 

París,  10-I-1925. 


LXVII 

Te  alzas  enjuta  sobre  el  cielo  pardo 
cielo  que  envueve  mi  respiro  enfermo 
—  en  él  contigo  cada  noche  duermo — , 
duermo  y  tu  piedra  en  mis  entrañas  guardo. 

Te  alzas  enjuta  como  flor  de  cardo, 
flor  que  es  un  hito  en  el  confín  del  yermo, 
dia  tras  día  de  esperanzas  mermo, 
se  hace  mi  paso  cada  vez  más  tardo. 

Eres  mi  luna  ya,  Fuertev entura, 
gigante  espejo  del  gigante  ocaso 
del  sol  de  España  en  su  postrer  postura; 


DE  FüERTEVENTL'RA  A  PARIS 


III 


llega  la  noche  y  de  su  negro  vaso 
vierte  la  mano  del  Señor  segura 
sobre  ti,  España,  el  agua  del  Acaso. 

París,  lO-IX. 

El  primer  soneto  que  me  brotó  aquí,  en  París, 
fué  del  recuerdo,  mejor,  de  la  presencia  viva  en 
el  centro  del  alma,  en  su  roca,  de  Fuerteventura- 

•El  agua  del  Acaso»  es  el  azar  trágico  de  la 
_iistoria. 

LXVIII 

c;  España !  ¿A  alzar  su  voz  nadie  se  atreve? 
]'a  a  arrastrarte  el  alud  de  la  mentira; 
tu  amor  presta  a  mi  voz  ardores  de  ira... 
Sacúdete,  mi  Españay> ...  No  se  mueve... 

¡España,  España!  Blanca...  fría...  nieve... 

Tenebrosos  los  ojos,  mas  yio  mira... 
Un  espejo  a  la  boca...  ;'No  respira! 
,:.Nn  oís  el  vuelo  de  su  sombra  leve? 


12 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


,Aqin,  con  tu  cabeza  en  mi  regazo, 
porque  han  de  henchirte  la  pupila  muerta 
mis  lágrimas  de  fuego  y  de  rechazo, 

regar  la  mano  que  te  cuelga  yerta, 
mientras  te  abre  la  mía  de  711  portazo 
el  bronce  cruel  de  la  visión  desierta. 

París,  ii-lX. 


LXIX 


¿Dónde  reposarás,  corazón  mío, 
corazón  de  mi  España,  dime,  dónde? 
¿Dónde  Ja  fuente  de  tu  afán  se  esconde 
y  en  lago  para  de  tu  sangre  el  río? 

¿Dónde  te  ha  de  rendir  al  cabo  el  frío 
cuando  en  mi  pecho  la  tormenta  ahonde 
y  el  hondón  de  tu  cauce  a  la  par  sonde 
donde  enterrado  aguarda  el  albedrío? 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


¿De  dmde,  di,  mi  corazón,  surgiste 
ad&iide  se  alza  tu  frondosa  copa 
nic  de  verdor  el  alto  azul  reviste? 

¿Dónde  esa  copa  con  el  cielo  topa? 
Dónde  has  de  ser  lo  que  al  hacerte  fuiste? 
Dónde  en  el  sueño,  al  fin,  ttí  fin  se  arropa? 

París,  I2-IX. 

Me  pidieron  un  autógrafo  de  soneto  para  publi- 
carlo en  una  revistilla  y  luego  traducirlo,  y  les  di 
éste  por  creerlo  intraductible. 


LXX 


Caído  desde  el  cielo  aquí  me  aburro 
— y  cielo  era  la  mar,  junto  al  desierto — 
con  este  marco  el  cielo  es  cielo  muerto, 

no  oigo  de  Dios  el  inmortal  susurro, 

8 


114 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


No  sueño  yo,  sueña  el  hermano  hurto 
que  me  lleva  con  tardo  paso  incierto 
soñando  en  el  progreso  en  que  no  hay  puerto 
y  quiere  hacerme  creer  que  asi  discurro. 

¡Discurrir !  ¡Cuántas  tardes  la  amargura 
del  hondón  de  la  historia  de  mi  España 
me  endulzaste  en  tu  mar,  Fuerteventura ! 

¡Cuántas  me  derretiste  inmunda  saña 
metiendo  la  evangélica  dulzura 
de  tu  higo  de  secano  hasta  mi  entraña ! 

París,  16-IX. 

El  «hermano  burro»  es  cosa  sabida  que  es  la 
sensualidad  o  también  la  sensación  materialista  y 
progresista  de  la  vida.  Un  cielo  con  marco  de 
tejados  de  casas  de  calle  es  cielo  muerto. 

¡Las  higueras  de  Fuerteventura,  aquellas  hi- 
gueras evangélicas,  palestinianas,  que  sacan  jugo 
de  la  escueta  roca ! 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


I 


LXXI 


¡Oh,  clara  carretera  de  Zamora, 
sonadero  feliz  de  mi  costumbre, 
donde  en  el  suelo  tiende  el  sol  su  lumbre 
desde  que  apunta  hasta  que  rinde  su  hora! 

¡Cómo  tu  cielo  aquí  en  mi  pecho  mora 
y  me  alivia  la  grasa  pesadumbre 
de  esta  ya  más  que  mucha  muchedumbre 
de  París  que  el  reposo  me  devora: 

Bulevares,  esquares,  avenidas, 
sumideros  del  metro,  ¡qué  albañales 
del  curso  popular,  con  sus  crecidas ! 

Senaras  de  la  Armuña,  ¡qué  pañales 
disteis  a  mis  ensueños !  ¡Cuántas  vidas 
abortan  en  las  grandes  capitales! 

París,  24-IX. 


ii6 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


En  Salamanca  acostumbro  pasearme,  sobre  todo 
en  invierno,  por  la  carretera  que  lleva  a  Zamora, 
viendo  desplegarse  a  mis  ojos  la  llanura  de  la 
Armufía,  henchida  de  mies.  Armuña  o  Almunia 
quiere  decir  en  arábigo  huerta. 

IvXXII 

En  la  Plaza  de  los  Vosgos. 

Las  nubes  del  embozo  de  mi  villa 
natal  hilaban  hebras  del  orvallo 
— sirimiri  su  nombre —  y  yo  a  caballo 
de  un  Clavileño  en  flor  de  tiro  y  trilla 

— textos  del  Instituto  eran  su  silla — 
me  iba  a  la  mar  del  cielo;  sobre  el  tallo 
de  aquella  flor  un  m'ágico  tresmallo 
para  pescar  ideas,  ¡maravilla ! 

Corría  el  agua  del  Nervión;  la  calle 
de  mi  lenta  niñez  que  fué  el  enfullo 
de  los  ensueños  que  incubé  en  su  valle 


DE  FUERTE  VENTURA  A  PARIvS 


117 


traíame  de  lejos  el  arrullo 
de  la  mar  de  Vizcaya,  ¡que  no  calle 
Dios,  pues  me  quita  el  mundanal  barullo ! 

París,  7-X. 

La  Plaza  de  los  Vosgos  es  una  plaza  para  abue- 
I  los  y  para  nietos.  Yo  no  soy  aún  abuelo.  Visitán- 
I  dola  me  remonté  a  mi  niñez,  a  cuando  era  nieto,  y 
'  recordé  la  Plaza  Nueva  de  mi  Bilbao,  aunque  se 

le  parezca  poco.  Aquella  Plaza  Nueva,  a  la  que 
I  canté  en  mis  Poesías,  donde  cae  el  calabobos,  el 

sirimiri,  y  tanto  soñé  y  fragüé  — a  los  dieciséis 
I  años —  ¡  sistemas  filosóficos  ! 


LXXIII 


¡Oh,  mar  salada,  celestial  dulzura 
que  embalsamaste  mi  esperanza  loca, 
me  subes  a  los  ojos  y  a  la  boca 
cuando  revive  en  mí  Fuerteventura ! 


ii8 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Espero  aún,  ya  que  mi  fe  perdura 

fraguada  allí  sobre  su  roca,  roca; 

el  sol  eterno  con  su  luz  la  toca; 

de  todo  frágil  barro  la  depura- 
Colmo  de  libertad,  frente  al  Océano, 

donde  la  mar  y  el  cielo  se  hacen  uno 

sobre  mi  frente  Dios  posó  la  mano; 

con  tal  recuerdo  mi  esperanza  cuno 
sostiéneme  en  este  camino  vano 
y  alimenta  a  mi  espíritu  en  su  ayuno. 

París,  lo-X- 

Lo  que  más  echo  de  menos  aquí,  en  París,  es 
la  visión  de  la  mar.  De  la  mar  que  me  ha  enseñado 
otra  cara  de  Dios  y  otra  cara  de  España,  de  la 
mar  que  ha  dado  nuevas  raíces  a  mi  cristiandad  y 
a  mi  españolidad.  (No  me  gusta  ni  cristianismo  ni 
españolismo;  -i¿mo  es  pedantería  helénica;  -dad 
es  vida,  r..mance.) 


DE  FUERTEVENTüRA  A  PARIS  IIQ 

LXXIV 

Viendo  pasar  un  dirigible 
desde  el  bulevar  Hausmann, 
el  lo-X. 

Hoy  he  visto  volar  una  ballena 
sobre  el  Sena,  ¡milagro  del  progreso!, 
y  a  dos  pares  de  labios  con  un  beso 
los  juntaba  en  un  auto  loca  vena. 

Venían  de  contarme  a  boca  llena 
¡as  maravillas  de  Móscii;  por  eso 
no  admiré  a  la  ballena  con  exceso, 
¡escama  de  español  que  se  refrena! 

¿Y  el  beso?  ¡Pobre  beso  con  camisa 
de  maquillage,  beso  de  parada 
dado  por  dar  dentera  y  muy  de  prisa! 

¡  Volaba  la  ballena  y  i:c  era  alada 
y  yo  sentía  reventar  de  risa 
a  Dios  eterno  en  su  eternal  morada ! 


I20 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


hXXV 

Isla  de  libertad,  bendita  rada 
de  mis  vagabundeos  de  marino 
quijote,  sentí  en  ti,  ¿orden  del  sino?, 
cómo  la  libertad  se  encuentra  aislada. 

Aislamiento  feliz  que  es  la  alborada 
de  la  liberación  de  su  destino, 
que  asi  la  podre  irá  por  donde  vino 
hasta  su  cuna,  su  postrer  morada. 

Libertad,  libertad,  isla  desierta, 
conciencia  de  la  ley,  que  es  servidumbre, 
tú  no  eres  casa,  no  eres  mas  que  puerta; 

mas  por  la  puerta  entra  de  Dios  la  lumbre 
dentro  la  casa  y  nos  mantiene  alerta, 
no  nos  rindamos  a  la  vil  costumbre. 

La  libertad,  ¿es,  en  efecto,  la  conciencia  de  !a 
ley?  El  que  sabe  por  qué  obra  como  obra,  ¿es 
libre?  Si  un  planeta  conociese  las  leyes  de  Kepler 


DE  FüERTEVENTURA  A  PARIS 


121 


y  de  Copérnico,  ¿se  creería  libre?  Pero  la  ley  a 
su  vez  es  servidumbre.  De  todo  esto  nadie  mejor 
que  San  Pablo. 

LXXVI 

Constestando  a  la  llamada 
del  Dios  de  España  que  tiene 
su  trono  en  Credos. 

fí.¡ Miguel!  ¡Miguel!»  Aquí,  Señor,  desnudo 
me  tienes  a  tu  pie,  santa  montaña, 
roca  desnuda,  corazón  de  España 
y  gracias,  pues  que  no  me  sigues  mudo. 

Tu  pan,  hecho  del  aire,  está  ya  Iludo, 
y  pues  tu  sangre  desde  el  sol  me  baña 
capaz  me  siento  de  cualquier  hazaña 
bajo  el  dosel  de  tu  celeste  escudo. 

;  Comer  y  trabajar,  no!  Quiero  y  hago; 
mi  obra,  esto  es,  mi  lida,  mi  fe  abona 
—mi  obra  al  borde  del  común  estrago — , 


122 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


sólo  espero  de  Ti  — ¡Señor,  perdona! — 
des  a  mi  vida,  des  a  mi  ohra  en  pago 
una  muerte  inmortal  como  corona. 

París,  I2-X. 

El  pan  de  Dios  es  su  palabra  santa.  Liúdo 
en  castellano,  yeldo  en  leonés,  quiere  decir  fer- 
mentado. 

Comer,  no,  sino  querer;  trabajar,  no,  sino  hacer. 
Porque  trabajar  para  cora^^r  y  comer  para  trabajar 
es  ganapánería-  Y  el  ganapán  en  cuanto  puede  se 
hace  pordiosero.  O  pordiosea  trabajo  servil. 

LXXVII 

En  la  Rotonda  de  TroLzky, 
bulevar  Montparnasse. 

Un  mariquita  aquí,  una  marimacho 
por  allí,  los  artistas,  sus  amigas, 
melenas  a  nivel,  acaso  ligas 
de  todas  clases  y  sombrero  gacho. 


DE  KüERTEVENTURA  A  PARIS 


123 


Fuman  y  dan  sablazos  sin  empacho, 
perras  y  gatos  hacen  buenas  migas, 
comunismo  al  revés  de  las  hormigas, 
donde  son  las  sin  sexo  las  del  sacho. 

De  aquí  Trotzky  sacó  fe  y  esperanza 
soñando  el  paraíso  venidero, 
aunque  no  vio  que  en  la  mundana  danza 

es  Soviet  ideal  el  hormiguero , 
padres  y  madres  viven  en  holganza 
atentos  a  su  fin:  el  criadero. 

París,  13-X. 

Ese  café  de  la  Rotonda  es  aquel  a  donde  vamos 
los  que  nos  dicen  conspiradores. 

En  el  hormiguero  trabajan  las  hormigas  neutras 
y  los  machos  y  hembras  que  se  dedican  a  procrear. 

Como  en  la  colmena  la  reina  y  los  zánganos.  Lo 
malo  es  que  los  mariquitas  y  las  marimachos  no 
son  ni  padres  ni  madres,  sino  que  evitan  serlo.  No 
se  dedican  propiamente  a  procrear. 


124 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


LXXVIII 


Ayer  decía  a  Cossío  y  a 
Urbano:  «Cuando  hayamos 
derribado  este  régimen,  ¿qué 
inventar? 

Eiv-  neblina  otoñal  se  anega  el  Arco 
de  la  Estrella;  semeja  enorme  duna 
que  se  horadó  para  a  la  roja  Luna 
submarina  del  cielo  hacer  de  marco. 

En  esta  luna  de  Verlaine  me  embarco, 
vuelve  mi  mente  a  su  primera  cuna 
y  una  verdad  descubre  inoportuna: 
que  el  cielo  aquí,  en  París,  no  es  mas  que  un 

[^charco. 

Sigue  flotando  en  él  la  Enciclopedia 
que  armada  en  corso  antaño  puso  asedio 
al  Arca  de  la  Fe  cuando  la  acedía 


DE  FUER  TE  VENTURA  A  PARIS 


125 


¡a  carcomía;  pero  hoy  su  remedio 
es  la  Revolución,  una  comedia 
que  el  Señor  ha  inventado  contra  el  tedio. 

París,  15-X. 

Pocos  días  antes  de  haber  escrito  esto  vi  la  Luna 
llena,  roja  y  entre  neblina,  por  el  hueco  que  for- 
ma el  Arco  de  la  Estrella.  El  día  en  que  lo  escribí, 
volviendo  del  Bosque  de  Boloña  con  mis  dos  ami- 
gos, venía  preocupado  con  lo  del  tedio,  que  a  las 
veces  me  acomete,  y  su  medicina,  que  es  la  His- 
toria. Lo  de  la  duna  me  recordó  a  la  Montaña 
Quemada,  montón  de  cenizas  de  volcán  que  ha}^ 
en  Fuerteventura,  cerca  de  la  Oliva-  Y  ello  me 
sugirió  el  soneto  que  sigue. 

LXXIX 

;0h,  la  trágica  sed  de  la  Montaña 
Quemada  bajo  el  sol  que  se  reía'! 
Ni  llorar  su  dolor  ella  podia; 
cenizas  de  volcán  visten  su  entraña. 


120 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


A  SU  pie  me  acordaba  de  mi  España 
que  ni  bebe  roció  de  alegría 
ni  llorar  sabe,  y  su  dolor  confia 
a  un  cabezal  de  paz,  roca  ermitaña. 

Del  páramo  perlático  y  adusto 
por  siglos  de  dolor  entumecido 
el  ceño  guarda  de  su  infancia  el  susto, 

en  sus  raices  al  sentir  el  nido 
brotar  del  infernal  dragón.  Procusto, 
que  hizo  del  Juego  al  fin  roca  de  olvido. 

París,  i6-X. 

LXXX 

No  modelar,  como  las  lluvias,  dedos 
del  Señor;  esculpir  a  blanca  brasa 
roca  que  posa,  no  barro  que  pasa, 
lengua  de  fuego  que  se  fragua.  Credos. 

Lanzando  a  soplos  de  palabra  miedos 
del  pueblo  encima,  hacerle  hervir  la  masa 
y  armar  en  ella  la  enteriza  casa 
donde  tiene  el  Espiritu  sus  ruedos. 


DE  FUERTEVEN'TURA  A  PARIS 


I 


Esto  es  revolución;  esto  es  raigambre 
que  rompe  el  suelo  cual  gigante  brote 
— la  tierra  en  tanto  presa  de  calambre — 

se  esgrime  el  aire  que  lia  de  ser  azote; 
el  más  seguro  es,  sin  disputa,  el  hambre 
y  el  que  sopla  ha  de  ser  un  Don  Quijote. 

París,  i6-X. 

LXXXI 

Desde  las  tristes  márgenes  del  Sena, 
preso  en  ellas  a  la  fuerza  del  sino, 
el  Duque,  sacudiéndose  el  destino, 
lo  arrastró,  hecho  ya  carne,  hasta  la  escena. 

A  Don  Alvaro  dió  vida  la  vena 
del  destierro;  le  fué  caz  del  molino 
de  telar  este  Sena  donde  el  lino 
tejió  de  los  ensueños  de  su  pena. 


128 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Con  las  aguas  del  Sena  corrió  oscura 
la  ficción  de  su  historia  en  este  suelo, 
tras  la  mar  del  olvido,  que  es  su  cuna, 

y  al  subir  la  verdad  del  Arte  al  cielo 
la  gloria  de  Don  Alvaro  perdura 
y  su  pasión  da  a  nuestra  fe  consuelo. 

París,  17-X. 

Cuando,  hace  pocos  días,  leí  este  soneto  a  tii: 
amigo  mío  erudito  en  historia  de  la  Literatura 
española  me  dijo  que  el  verso  tan  conocido  de 

Desde  las  tristes  márgenes  del  Sena 

no  es  del  Duque  de  Rivas,  autor  de  Don  Alvaru 
o  la  fuerza  del  sino,  tragedia  romántica  escrita  y 
estrenada  en  París,  sino  de  Martínez  de  la  Rosa. 
Mas  no  por  eso  he  de  variar  el  soneto,  porque  en 
la  misma  equivocación  que  yo  estaban  otros.  Y 
además,  ¿quién  sabe?... 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


129 


LXXXII 

Leyendo  Corn-Law  Rhy- 
mes,  de  CarlylE. 

Me  canta  Ja  pasión  — tal  es  su  estilo — ; 
la  pasión  no  es  idea,  es  sentimiento; 
sufro  la  idea,  el  pensamiento  siento 
que  me  levanta  sobre  el  barro  en  vilo. 

De  estas  mis  rimas  con  el  frácril  hilo 
de  la  palabra,  poderoso  aliento, 
un  sonoro  diamante  hago  del  viento 
y  armo  a  mi  afán  de  eternidad  asilo- 

Me  canta  Ja  pasión,  y  así  conjuro 
con  ese  encanto  la  feroz  mentira 
que  arrastra  a  España  en  su  destino  oscuro; 

se  me  hace  amor  con  el  cantar  la  ira, 
y  al  cantar  de  mis  iras  me  depuro 
poniendo  en  alto  de  mi  amor  la  mira. 

París,  I7-X- 


130 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


El  pobre  botarate  de  Primo  de  Rivera,  frivolo 
con  frivolidad  invencible  y  hueca  por  dentro  y  por 
fuera,  en  la  carta  que  escribió  al  Director  de  Le 
Quotidien  — ¡él,  un  Dictador,  rectificándome  en 
carta  a  ijn  diario! —  decía,  entre  otras  necedades, 
que  me  querría  «exento  de  pasión»,  j Exento  de 
pasión!  ¿Qué  entenderá  de  eso  el  pobre  tonto? 

La  pasión,  como  le  contesté  desde  el  mismo 
diario,  es  la  fuente  de  la  acción,  y,  en  cambio,  la 
frivolidad,  la  botaratería  de  señorito  crapuloso  y 
calavera  — la  calavera  no  tiene  seso —  no  engendra 
mas  que  gestos,  ademanes.  Los  pobres  tontos  creen 
que  el  gesto  es  acción  y  pasan  por  el  cinemató- 
grafo gesticulando.  Y  ladrando.  Excepto  alguno 
que  aúlla. 


El  macho  me  creía  a  -mi  otro  eunuco, 
eso  que  llaman  los  tiranos  sabio, 
uno  que  sella  por  prudencia  el  labio; 
¿filósofo?  Tal  vez,  si  eso  es  ser  cuco. 


LXXXIII 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


Del  saber  de  los  sabios  odio  el  truco 
cuando  echan  al  puchero  el  vil  agravio 
compadeciéndome  — ¡infeliz! — ,  que  rabio 
y  el  corazón  no  tengo  hecho  de  estuco. 

Si  sabio  es  el  que  sabe,  también  sabe, 
puesta  con  salsa  verde,  la  merluza; 
mas  no  el  pato  a  volar,  y  eso  que  es  ave; 

a  los  sabios  consulta  el  moro  Muza 
que  le  expliquen  lo  que  es  el  arquitrabe... 
¿Academia  de  patos?  ¡Vil  gentuza! 

París, iS-X. 

Tengo  que  escribir  sobre  los  llamados  en  Es- 
paña sabios,  que  han  dado  el  más  triste  ejemplo 
de  servilidad  y  de  cobardía. 

Para  el  Ganso  Real  son  sabios  los  catedráticos 
que  le  dieron  matrícula  de  honor  a  su  hijito. 


32 


MIGUEL  BE  UNAMUNO 


LXXXIV  y  LXXXV 

No  te  lo  digas  ni  a  ti  mismo,  calla, 
corazón,  cállate,  causa  perdida 
hace  el  empeño  de  tu  pobre  vida, 
y  es  un  lento  suicidio  tu  batalla. 

Las  que  parecen  nubes  son  muralla, 
tu  pueblo  nunca  aprende  y  siempre  olvida; 
no  le  des  nada,  aunque  tu  ayuda  pida, 
porque  no  sabes  manejar  la  tralla. 

Una  racha  de  hielo  tus  raices, 
¡ay,  corazón  sin  patria  ni  consuelo!, 
hace  migajas;  no  te  martirices; 

duérmete  aquí,  sobre  un  extraño  suelo, 
entre  otros  hombres  que  se  creen  felices, 
'duérmete,  corazón,  mata  el  desvelo. 

Ay,  mas  si  duermes,  soñarás,  ¡me  aterra 
la  historia  de  tu  España,  pesadilla 
secular,  ¿será  Credos  la  rodilla 
de  Caín  sobre  Abel  tendido  en  tierra? 


DE  Fl'ERTEVEXTURA  A  PARIS 


No  soñarás  ¡a  nohlej  civil  guerra, 
sino  de  banderizos  ¡a  guerrilla; 
no  la  honra  de  luz,  ¡a  negra  honrillas- 
no  hazañas  leoninas,  vida  perra- 
La  vida  es  sueño.  ¡Seal  Mas  la  muerte, 
¿no  es  pesadilla  acaso?  Loco  empeño 
quijotesco  querer  sortear  la  suerte. 

Veo  en  el  cielo  tu  implacable  ceño, 
Dios  de  mi  España  ciega,  sorda,  inerte. 
¡Señor,  Señor,  Señor,  mátame  el  sueño! 

^  París,  20-X. 

Ya  se  sabe  lo  que  según  el  general  Prim,  al  de 
que  había  que  destruir  lo  existente  con  estruendo, 
hace  falla  para  hacer  la  guerrilla.  Ahora  que  eso 
no  basta  para  la  guerra.  La  guerrilla  se  hace  con 
eso,  pero  la  guerra  con  inteligencia.  Y  hay  la 
guerra  civil  y  la  guerrilla  civil. 

Sabido  es  que  al  supuesto  león,  con  su  cola  en 
v^,  que  figura  en  algunas  piezas  de  cobre  de  diez 
V  de  cinco  céntimos  de  peseta,  el  pueblo  le  llama 


134 


MIGUEL  DE  UNAMUXO 


perro  o  perra,  perro  chico  o  grande.  Y  a  la  chica, 
también  perrilla. 

LXXXVI 

« 

En  el  Jardín  del  Luxem- 
burgo,  a  la  caída  de  las  hojas 
de  otoño. 

Doradas  hojas  de  la  lev  ta  tarde 
de  mi  vida  y  del  año,  sueño  al  veros 
las  piedras  de  oro  — ¡sus  rojos  letreros! — 
de  Salamanca,  donde  Dios  me  guarde. 

Corazón,  nunca  has  sido  tú  cobarde; 
esas  hojas  fe  anuncian  los  primeros 
hielos  de  aquí,  en  París,  ¡oh,  los  braseros, 
donde  el  rescoldo  entre  cenizas  arde! 

Noches  en  que  la  lumbre  sosegada 
dormía,  en  tanto  que  fuera  el  relente 
despertaba  a  la  vida  en  la  alborada; 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


noches  en  que  sentí  sobre  mi  frente 
la  mano  del  Señor  que  de  la  nada 
¡me  iba  exprimiendo  el  sueño  que  no  miente! 

París,  28-X. 

Sobre  las  doradas  piedras  de  mi  Salamanca  se 
leen  los  letreros  de  los  vid  ores  con  que  se  cele- 
braba la  colación  de  grados  en  la  antigua  Univer- 
sidad. 

LXXXVII 

No  consigo  soñar,  vil  pesadilla 
— dícenla  realidad — ,  me  mata  el  sueño; 
mi  Dios,  el  de  mi  España,  frunce  el  ceño; 
se  nubla  el  sol  que  sobre  Credos  brilla. 

¡  Y  fué  mi  historia  sueño !  j  A  ncha  es  Castilla ! 
Soñé,  cual  Don  Quijote,  al  pie  del  leño 
de  encina  en  flor;  bajó  dulce  beleño 
por  las  noches  a  mi  alma  en  maravilla. 


136 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


¡Miel  luminosa  en  temblador  rocío 
gotean  por  la  noche  las  estrellas 
desde  el  Camino  de  Santiago,  río 

que  en  nuestro  cielo  va  lavando  huellas 
del  Romancero;  plañen  las  querellas 
de  Alfonso  Diez,  el  que  soñó  sin  brío! 

París,  9-XT. 

Sobre  la  flor  de  la  encina,  la  llamada  candela, 
he  escrito  alguna  vez.  No  puedo  representarme  a 
Don  Quijote  sino  al  pie  de  una  encina,  con  las 
bellotas  en  la  mano.  Del  corazón  de  la  encina  ha- 
cen en  tierra  de  charros  dulzainas.  ¡  Corazón  melo- 
dioso ! 

El  pobre  Alfonso  X,  llamado  el  Sabio,  soñó  sin 
brío  su  vida  y  acabó  querellándose. 

LXXXVIII 

Ese  cerdo  epiléptico  que  gruñe 
pedanterías  de  rigor,  rezuma 
la  bilis  de  Caín,  cenizas  fuma 
de  aquella  patria  cuya  unión  nos  muñe. 


DK  FrERTEVEXTURA  A  FARIS 


.4  España  el  corazón  se  le  engurruñe 
del  lívido  terror  con  que  le  ahruraa 
y  no  columbra  entre  la  negra  bruma 
del  porvenir  dónde  su  estrella  acuñe. 

Con  su  miedo  amedrenta  ese  bellaco 
y  se  cobra  además,  que  en  su  artería, 
se  mete  a  sangre  y  a  la  vez  a  saco; 


París,  ii-XI. 


^      se  le  rinde  cobarde  burguesía 
B  y  se  le  presta  dócil  al  atraco, 
K  que  ellos  se  entienden  y  Mamón  los  guia. 

I 

ff^Lo  de  .«cerdo  epiléptico»  fué  un  mote  forja- 
do en  colaboración  con  Pórtela  Valladares,  el  que 
fué  gobernador  civil  de  Barcelona.  Hablábamos 
del  general  M.  Anido,  el  amo  de  Primo  de  Rivera, 
y  me  dijo:  «Es  un  cerdo»,  3'  yo:  «¡Xo,  sino  un 
epiléptico!»  Y  él:  «¡Bueno,  un  cerdo  epiléptico!» 
Blasco  Ibáñez  le  ha  llamado  «verdugo  negociante» . 
Lo  de  negociante  alude,  sin  duda,  a  que  siendo 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


el  general  ese  gobernador  sedicente  civil  de  Barce- 
lona recibía  dinero  procedente  del  juego  de  ciu- 
dades de  España  y  con  parte  de  él  se  pagaba  a  los 
pistoleros  del  Sindicato  libre,  y  a  asesinos  a  sueldo. 
Y  parece  que  había  otros  negocios  también.  Por- 
que, si  el  sacerdote  vive  del  altar,  el  sostenedor 
del  llamado  orden  tiene  que  vivir  — y  medrar  y 
gozar  y  divertirse —  de  la  represión. 


LXXXIX 


Un  trozo  de  planeta  por  t: 
que  cruza  errante  la  sombra 
de  Caín... 

Antonio  Machado. 

¡Ay,  triste  España  de  Caín,  ¡a  roja 
de  sangre  hermana  y  por  la  bilis  gualda, 
muerdes  porque  no  comes,  y  en  la  espalda 
llevas  carga  de  siglos  de  congoja! 


DE  FUERTEVENTüRA  A  PARIS 


Medra  machorra  envidia  en  mente  floja 
— te  enseñó  a  no  pensar  Padre  Ripalda — 
rezagada  y  vacía  está  tu  falda 
e  insulto  el  bien  ajeno  se  te  antoja. 

Democracia  frailuna  con  regüeldo 
de  refectorio  y  ojo  al  chafarote, 
¡viva  la  Virgen!,  no  hace  falta  bieldo, 

(jubicnio  de  alpargata  y  de  capote, 
timba,  charada,  a  fin  de  mes  el  sueldo, 
■  apedrear  al  loco  Don  Quijote. 

París,  12-XI. 

El  Manifiesto  del  13  de  setiembre  de  1923  re- 
sucitó al  partido  carlista,  al  inquisitorial,  al  de 
las  guerras  civiles  cainitas  que  ensangrentaron 
y  envenenaron  a  España  durante  el  siglo  xix.  A 
su  conjuro  se  encendió  la  mala  pasión  que  es  el 
cáncer  moral  de  la  España  vieja,  esa  mala  pasión 
que  se  incuba  en  los  conventos  y  en  las  sacristías- 
De  Gobierno  de  alpargata  y  de  uniforme  ha 
hablado  el  oráculo  de  los  junteros  del  Ejército. 


140 


MIGUE DE  UNAMUNO 


Lo  de  la  charada  me  lo  sugirió  un  caso  típico. 
Y  es  que  en  Medina  de  Ríoseco  estaban  encan- 
tados con  el  delegado  gubernativo  — un  oficial  del 
Ejército —  que  en  nada  se  metía,  nada  inspeccio- 
naba, dejaba  a  todo  el  mundo  en  paz  y  se  pasaba 
el  día  en  su  cuarto...  lej^endo  revistas  y  diarios. 

Luego  resultó  premiado  en  unos  concursos  de 
solución  de  charadas  y  rompecabezas  en  Valla- 
dolid.  Y  no  necesita  esto  más  comentario. 


XC 


¡La  garganta  del  Abrego  ?,n  acezo 
de  huracán  barrió  el  páramo  paraje 
no  de  morada,  7nas  de  tardo  viaje 
trayendo  el  Caos...  Caos  es  bostezo! 

Contra  el  arpa  eolia  tropiezo 
dio  y  la  rompió  con  ímpetu  salvaje 
lanzando  todo  trizas  su  cordaje 
entre  briznas  de  escoba,  mata  y  brezo. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


141 


Hubo  que  oír  el  desgarrante  aullido 
de  estertor  con  que  el  arpa  en  agoiiía 
hirió  de  Dios  el  implacable  oído; 

hubo  que  oír  su  (k¡se  acabóla) 
moría  España  envuelta  en  polvo  y  el  quejido 
de  bajo  tierra  a  Don  Quijote  oía. 

París,  I2-XI- 

La  palabra  griega  caos  quiere  decir,  en  efecto, 
bostezo,  lo  mismo  que  el  latín  hiatus;  de  un  verbo 
que  significa  «abrir  la  boca» . 

Sobre  el  ábrego,  i  lo  que  habría  que  decir ! 

En  rigor,  no  es  que  España  muere,  sino  que  la 
están  matando,  dando  garrote,  los  que  dicen  ser 
sus  salvadores. 

XCI 

Tu  voluntad,  Señor,  aquí  en  la  Tierra 
se  haga  como  en  el  cielo;  pero  mira 
que  mi  España  se  muere,  la  mentira 
en  su  cansado  corazón  se  aferra. 


42 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Sus  entrañas  desgarra  triste  guerra 
de  hermanos  enemigos;  cese  tu  ira, 
el  duro  palo  del  pastor  retira, 
tiende  la  mano  al  que  perdido  yerra. 

Perdónanos,  Señor,  si  somos  reos 
que  hemos  de  hacer  tu  nombre  siempre  santo, 
pues  a  creyentes  cubre  y  cubre  a  ateos; 

tu  nombre  no  es  palabra,  es  todo  canto; 
lo  han  manchado  en  mi  patria  fariseos 
haciendo  de  el  para  su  envidia  manto. 

París,  13-XL. 

XCII 

En  el  entierro  del  niño  Yag 
de  Luna,  muerto  de  meningiti 
tuberculosa  a  los  ocho  meses  d 
edad  y  enterrado  en  el  cemen 
terio  parisiense  de  Pantin,  e 


14-XI-924. 


DE  FUERTHVENTÜRA  A  PARIS 


.1  un  hijo  de  españoles  arropamos 
hoy  en  tierra  francesa;  el  inocente 
se  apagó  — ¡feliz  él! —  sin  que  su  mente 
se  ah riese  al  mundo  en  que  muriendo  vamos. 

A  la  pobre  cajita  sendos  ramos 
echamos  de  azucenas  — el  relente 
llora  sobre  su  huesa — ,  y  al  presente 
de  nuestra  patria  el  pecho  retornamos. 

üAnte  la  vida  cruel  que  le  acechaba, 
mejor  que  se  me  mueran  — nos  decía 
su  pobre  padre,  y  con  la  voz  temblaba; 

era  de  otoño  y  bruma  el  triste  día 
y  creí  que  enterramos  — ¡Dios  callaba! — 
tu  porvenir  sin  luz,  ¡España  mía! 

¡En  mi  vida  olvidaré  ese  día  en  que  fuimos  a 
enterrar  al  pobre  niño !  Era  uno  de  los  días  en 
que  más  me  dolía  España. 


144 


MIGUEL  DE  UNAMUXO 


XCIII 


ííDcjad  que  entierren  a  sus  muertosi»;  dijo 
idos  muertosy)  y  tamhión:  aNo  es  de  este  mundo 
r,ii  reino)).  Son  voces  del  profundo 
seno  de  Dios  hrotadas  a  su  Hijo. 

Dejad  que  al  falso  Apóstol  de  ClavijOy 
aquel  de  a; cierra  España  Ir),  al  iracundo, 
fango  le  dcji  aJ  pie  del  nauseabundo 
trono  que  no  es  ya  mas  que  un  armadijo. 

Vas  a  morirj  mi  España;  mas  no  importa, 
que  otra,  ya  pura,  llevas  en  tu  entraña; 
larga  tu  historia,  mas  tu  dicha  corta, 

vas  a  morir  de  parto,  ¡gran  hazaña!, 
y  si  tu  parto  de  morir  no  aborta 
caerá  sobre  tu  muerte  un  ¡viva  España! 


París,  20-XT. 


DE  FUER  TE  VENTURA  A  PARIS 


XCIV 


:        c'-iuo  al  tioupo  el  /  devora! 
No  de  ¡a  fuente,  del  estero  el  hado 
soplif^  los  ríos;  el  sino  estrellado 
de  nuestra  suerte  lo  es  de  iiltinia  hora. 

En  la  mente  de  Dios  ordenadora 
la  del  revés  la  Historia;  al  desgraciado 
dortal  que  se  cree  libre  el  lacerado 
orazón  desengarios  le  atesora. 

Recordando  esperanzas  que  es  lo  mismo 
nie  espera  de  recuerdos  vivo  y  muero 
¡esde  la  exlrcniauiiciL  U  hasta  el  bav.ti>'r,v\ 

me  siento  criatura  y  considero 
nie  voy  rodando  al  primitivo  abismo 
¡onde  a  quedar  por  siempre  prisionero. 


París,  21-XI. 


146 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


En  este  soneto  volví  a  la  misma  preocupació 
que  expresa  el  61. 

Estaba  obsesionado  al  escribirlo  por  el  pape 
que  juego  en  la  actual  tragedia  española,  con 
rey  y  sus  carlistas  de  un  lado,  el  M.  Anido  y  s^ 
pretorianos  y  junteros  de  otro,  los  antiguos  sedi 
centes  republicanos,  los  socialistas,  los  partid 
del  llamado  antiguo  régimen,  y  en  la  cola,  ha 
ciendo  el  ganso,  el  Ganso  Real. 


XCV 


¡Es  terrible  trillar  paja  sin  trigo! 
Volver  cada  mañana  al  mismo  coto 
y  ala  misma  tarea,  el  pecho  roto 
y  al  aire  de  los  campos,  sin  abrigo. 

¿Quién  enriquece  al  que  nació  mendigo? 
Para  él  opinar  es  tener  voto, 
que  no  es  un  hombre  libre,  es  un  devoto.., 
¿Por  qué,  dime.  Señor,  tanto  castigo? 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


Es  ({organizacióny)  el  chibolete 
de  los  pobres  borregos  sin  mollera 
que  cantan  libertad,  pero  en  falsete. 

¡Ay,  pobre  corazón,  no  eres  de  cera 
mas  te  tienen  llagado  con  el  brete 
forjado  con  sus  hierros  de  carrera  ! 

París,  28-XI. 

Y  ¡  tan  terrible  que  es  tener  que  aguantar  a 
esos  que  creen  que  el  sentido  político  consiste  en 
apuntarse  para  un  ista  cualquiera  o  levantar  han- 
derín  de  enganche,  redactar  un  programa  y  abrir 
matrícula  ! 

Lo  de  chibolete  se  explica  en  mi  ensayo  sobre 
la  ideocracia  (tomo  II  de  los  Ensayos)-  Durante 
años  nadie  ha  hecho  en  España  más  política,  más 
opinión  política  que  _vo,  pero  me  negaban  el  sen- 
tido político  los  profesionales  de  la  politiquería, 
aquellos  para  quienes  la  política  no  es  mas  que 
electorería.  Eso  sí,  una  vez  que  a  uno  de  esos  par- 
tidos — ¡y  tan  partidos! —  se  le  ocurrió  presen- 


148 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


taime  candidato  a  diputado  a  Cortes  por  Madrid, 
su  caudillo  — un  fantasmón  tan  huero  como  el 
Ganso  Real —  me  insinuó  que  pagase  ios  gastos 
de  elección,  cuando  en  todo  país  de  sentido  polí- 
tico democrático  esos  gastos  los  pagan  los  partidos. 
Hasta  cuando  luego  tienen  dietas  los  diputados. 
Verdad  es  que  el  caudillo  es  un  negociante  — y  cl 
toda  clase  de  negocios — ,  que  vive  de  la  política 
y  de  Gobernación.  Lo  que  podría  disculpársele  si 
tuviese  algo  de  sustancia  í.n  el  seso  envenenado. 


XCVI 

El  domingo  30  de  noviem- 
bre de  1924  asistí  a  los  oficios 
divinos  de  10  a  12  en  la  iglesia 
griega  ortodoxa  de  San  Este- 
ban — ho  hagios  Stephanos — , 
calle  de  Georges  Bizet,  cerca 
de  mi  domicilio.  En  el  tím- 
pano interior,  un  gran  busto 
pintado  de  Cristo,  con  esta 


J 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


149 


lej^enda  evangélica  en  griego: 
«Yo  el  camino,  la  verdad 
y  la  vida.» 

(íYo  soy  la  senda,  la  verdad,  la  vida.y> 
¡Y  qué  duro,  Señor,  otro  destino! 
¡De  otra  verdad  como  es  terrible  el  sino! 
¡Cuán  pronto  de  otra  vida  uno  se  olvida! 

Bilis  y  tinta  encima  de  la  herida 
abierta  al  polvo  negro  del  camino, 
sin  tu  sangre.  Señor,  celeste  vino 
que  la  embalsame  al  fin  de  la  partida. 

(íNo  es  mi  reinon)  — dijiste —  «de  este  mu7ído;yi 
pero  ve  que  sin  patria  triste  muero 
en  el  desierto  y  en  error  profundo; 

raíz  dame  en  la  tierra,  aquí,  primero, 
sin  raíz  coi:  el  polvo  me  confundo: 
sólo  con  ella  he  de  irte  todo  entero. 


París,  30-XI. 


MIGUElv  DE  UNAMUNO 


XCVII 


¿De  dónde,  adonde,  para  qué  y  cómo? 
Este  es  todo  el  afán  de  ¡a  tragedia, 
donde  se  encierra  toda  enciclopedia 
y  en  piel  humana  encuadernado  el  tomo. 

De  ver  punto  final  ni  leve  asomo; 
la  brega  del  buscar  cría  la  acedia, 
triste  dolencia  que  nada  remedia; 
sólo  la  niñez  tierna  guarda  aplomo. 

Y  brota  desde  tierra  la  pregunta; 
acaba  la  respuesta  con  un  pero... 
cuando  la  cuna  al  sepulcro  se  junta; 

gira  el  talón  por  el  mismo  sendero, 
vuelve  lo  arado  a  arar  la  misma  yunta 
y  vuelve  lo  úliimo  a  ser  lo  primero. 


París,  9-XII. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


Después  de  haber  escrito  los  cuartetos  y  dejado 
en  suspenso  el  soneto  leí  en  un  ensayo  de  Carlyle 
(Characteristics)  esto: 

«Aber»...  con  un  «Pero»...  Esta  fué  la  última 
palabra  que  salió  de  la  pluma  de  Federico  Schle- 
gel;  hacia  las  once  de  la  noche  la  escribió  y  se 
detuvo  enfermo;  a  la  una  de  la  mañana  el  Tiempo 
se  le  sumergió  en  la  Eternidad;  ya  no  era  más, 
como  decimos.» 

Eso  del  pero...  final  me  caló  hasta  el  hondón  del 
alma,  sacudida  por  la  tragedia  de  mi  patria  y  de 
la  civilización  cristiana  — ¿cristiana? —  toda. 

XCVIII 

La  gana,  ¡a  real  gana,  es  cosa  vana 
y  va  a  dar  a  la  nada  su  sendero, 
pero  el  entendimiento  para  en  pero... 
y  iodo  va  dejándolo  al  mañana. 

íi¡ Hay  que  obrar!  — grita  así  la  gente  sana — ; 
ajpalo!  ipalofí),  mirando  al  matadero. 
¿Qué  importa  que  la  res  sea  cordero 
o  loho^  ¡Nuestra  ley  todo  lo  allana! 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


A  unos  pobres  muchachos  vil  garrote,  \ 
asin  efusión  de  sangrey>y  ¡oh,  gran  clemencia!, 
en  Vera  les  han  dado,  sin  que  brote 

ni  un  quejido  del  pueblo;  su  paciencia 
espera  a  que  el  rife  fio  nos  derrote  * 
la  dictadura  vil  de  la  demencia. 

París,  IQ-XII- 

Este  soneto  y  los  que  le  siguen  están  dominados 
por  el  problema  de  la  gana,  la  real  gana,  la  san- 
tísima gana  y  su  diferencia  de  la  voluntad- 
Sabido  es  que  Schopenhauer,  el  pesimista,  nos 
admiraba  a  los  españoles,  y  nos  admiraba  en  vir- 
tud de  su  pesimismo,  porque  hacemos  radicar  la 
pura  voluntad,  la  voluntad  ciega,  la  voluntad  sin 
inteligencia,  en  los  órganos  genitales  del  macho, 
en  la  amasculinidad  completamente  caracteri- 
zada», que  dijo  el  Primo  en  su  Manifiesto.  La- 
gaña va  a  dar  a  la  nada,  otro  concepto  muy  cas- 
tizo. ¿Por  qué  Amiel,  en  su  Diario  intimo,  pone 
la  palabra  nada  en  español?  Y  la  nada  produce  el 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


nadismo,  que  es  el  nihilismo  español  castizo,  el 

I    quietismo  de  Miguel  de  Molinos,  el  aragonés. 
Sobre  esto  acabo  de  escribir  en  mi  libro  La 

:  agonía  del  Cristianismo,  que  aparecerá  en  francés 
en  la  colección  Christianisme,  que  dirige  P.-L. 
Couchoud  y  edita  aquí,  en  París,  la  Casa  F.  Rie- 
der  y  Compañía. 

Y  ahora  a  lo  de  los  pobres  muchachos  de  Vera. 
Que  fueron  aquellos  ilusos,  engañados  no  se 
sabe  por  quién  y  acaso  en  connivencia  con  la  poli- 
cía española,  que  les  tendió  ese  lazo,  que  entraron 

'  en  España  por  Vera.,  en  la  frontera  de  Navarra, 
creyendo  que  estaba  preparada  una  revolución 
republicana  3'...  en  los  cuarteles!  Hubo  lucha  con 
la  guardia  llamada  por  contraposición  civil  — ra- 
bón,  el  que  no  tiene  rabo —  y  murieron  unos  guar- 
dias y  unos  revolucionarios,  inocentes  víctimas 
unos  3-  otros  de  pecados  de  sus  respectivos  directo- 
res. Se  les  sometió  a  juicio,  en  Consejo  de  guerra 
militar,  a  los  revolucionarios  restantes,  3^  a  pesar 

,  de  la  petición  del  fiscal,  que  pedía  para  tres  de 
ellos  pena  de  muerte,  el  Consejo  los  absolvió  de 
esa  pena  por  falta  de  pruebas...  Pero  como  la  Di- 


154 


MIGUEL  DE  ÜNAMUNO 


rección  de  la  Guardia  llamad?  Civil,  o  acaso  mejor 
la  Junta  de  Defensa  del  Cuerpo,  no  puede  pasar  i 
porque  no  se  dé  muerte  al  (jue  haya  ocasionado  | 
la  muerte  de  un  número  — sea  como  fuese —  exigió  i 
la  revisión  del  fallo,  amenazando  acaso  con  retirar  | 
sus  fuerzas  de  los  puestos  si  así  no  se  hacía.  Ne-  , 
góse  a  pedir  en  el  Supremo  la  pena  de  muerte  el  ' 
digno  fiscal  de  él,  se  le  hizo  dimisionar  y  se  nom-  j 
bró  a  otro  que,  coaccionado,  la  pidió,  añadiendo  5 
petición  de  indulto.  Pidió  también  el  indulto  el 
obispo  de  Pamplona,  en  cuya  diócesis  radica  Vera,  ; 
pero  se  lo  pidió  no  al  Rey  ni  al  supuesto  Presi-  ; 
dente  del  Directorio,  sino  al  Director  General  de 
la  Guardia  sedicente  civil.  Los  pobres  chicos 
fueron  agarrotados,  menos  uno,  que  huyendo  del  | 
garrote  se  tiró  desde  un  tejado,  estrellándose  con- 
tra el  suelo  y  regándolo  de  sangre.  Después  se 
dijo  oficialmente  que  se  les  había  condenado  a 
garrote  por  «insultos  a  la  fuerza  armada»,  y  se  ; 
condenó  a  reclusión  perpetua  a  los  jueces  milita-  ' 
res  del  Consejo  de  Guerra  que  los  absolvió  de  esa 
pena. 

Creo,  sin  embargo,  que  hubo  la  clemencia  de 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


no  darles  mas  que  garrote,  evitando  así  el  tener 
que  aplicarles  la  ley  de  fugas  o  sea  fusilarles  por 
la  misma  Guardia  insultada.  Y  me  fundo  para 
ello  en  algo  que  oí  de  labios  de  Don  Alfonso  XIII, 
del  Key  actual  — hoy  10-I-1925 —  de  España, 
y  lo  oí  con  mis  propios  oídos,  presente  el  conde  de 
Romanones,  la  iiltima  vez  que  hablé  con  él,  cuando 
me  hizo  llamar  para  pedirme  merced. 

Fué  que  diciéndome  el  XIII  que  bien  se  veía 
cómo  en  España  no  había  nada  intangible,  le  re- 
pliqué: «Sí,  Señor,  hay  algo  intangible,  y  es  la 
Guardia  Civil.»  Le  referí  el  caso  de  aquel  pobre 
gitano  de  Alicante  que  hirió  a  un  guardia  que  se 
murió  luego  de  tétanos,  y  al  cual  gitano  se  le  dió 
garrote.  Y  añadí  que  hay  que  acabar  con  la  pena 
de  muerte  o  por  lo  menos  con  esa  forma  de  ejecu- 
ción, y  no  por  el  reo,  no  por  el  condenado,  sino 
por  el  verdugo;  que  hay  que  acabar  con  el  ver- 
dugo, que  hay  que  rescatarle.  Y  si  no  exaltarle 
y  rodearle  de  prestigio  3'  hasta  ennoblecerle, 
como  quería  el  rígido  y  1 ' gico  tradicionalista 
Conde  de  Maistre.  Que  olvidaba  lo  que  el  Señor 
dijo  sobre  Caín.  Al  fin,  Sócrates  tomó  por  sí  mis- 


156 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


nio  la  cicuta.  Y  creo  que  si  no  se  suprime  la  pena 
de  muerte  debe  suprimirse  el  verdugo  y  que  a 
los  reos  de  muerte  se  les  fusile  por  un  pelotón  de 
soldados  forzosos  o  de  guardias.  O  en  todo  caso 
que  esos  que  al  oír  de  suprimir  la  pena  de  muerte 
exclaman :  « ¡  que  la  supriman  antes  los  asesinos  ! » 
sean  ellos  los  que  la  ejecuten.  Que  no  faltarían 
hombres  de  orden  que  se  ofrecieran  de  verdugos 
honorarios. 

Al  oírme  aquello  — estas  otras  ampliaciones  las 
do3^  ahora  aquí  — el  XIII  me  replicó:  «Ah,  pero 
es  que  la  pena  de  muerte  existe  en  casi  todas  par- 
tes, hasta  en  la  República  Francesa,  y  aquí  menos 
mal  aún,  que  es  sin  efusión  de  sangre.»  ¡Sin  efu- 
sión de  sangre!  Quería  decir,  con  muy  aguda 
abservación,  que  el  garrote  es  más  humanitario 
que  la  guillotina  o  que  el  fusilamiento,  porque  es 
sin  efusión  de  sangre.  Lo  que  tampoco  es  cierto. 
Y  en  todo  caso  hay  hemorragia  interior,  a  que  tan 
expuestos  están  los  hemofílicos,  y  aunque  no  les 
den  garrote.  Easta  oprimirles  un  brazo  para  pro- 
ducirles un  cardenal. 

De  todo  esto  deduzco  que  a  los  pobres  ilusos  que 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


entraron  en  ^'era  cre3'endo  derribar  así  el  trono 
se  les  condonó  la  pena  de  ser  fusilados  por  insultos 
a  la  Guardia  sedicente  civil  por  la  pena  de  garrote 
sin  efusión  de  sangre. 

Entretanto,  la  efusión  de  sangre  seguía  en 
Marruecos.  Y  no  siempre  sangre  de  gallina.  Y 
muchos  buenos  expañoles  esperaban  que  a  la 
tiranía  de  la  demencia  epiléptica  y  específica  le 
pusiesen  fin  las  victorias  de  los  rifeños  sobre  el 
sufrido  ejército  cuya  retirada  comprada  dirigía 
el  Canso  Real. 

XCIX 

¡Oh,  mi  pueblo  castizo,  el  del  mañana, 
la  camarilla  y  el  pronunciamiento, 
guarda  entre  piernas  el  entendimiento 
y  en  vez  de  voluntad  tiene  real  gana. 

Xada  le  importa,  y  harta  su  galbana 
con  honda  siesta,  siesta  de  jumento, 
que  no  le  vengan  con  el  viejo  cuento 
de  la  justicia  porque  es  gente  sana. 


MIGUEL 


DE  UNAMüXO 


Oiic  le  dejen  en  paz  y  en  el  olvido; 
que  no  le  den  con  pensamientos  guerra, 
¡bien  sabe  el  sueño  en  el  materno  nido! 

Lástima  grande  que  una  vida  perra 
le  fuerce  a  trabajar  por  el  cocido, 
¡  la  olla  podrida  !,  su  raíz  en  tierra. 

París,  20-XII. 

Entre  las  palabras  castizas  castellanas  que  han 
pasado  a  otros  idiomas  están,  además  de  mañana, 
camarilla,  pronunciamiento ,  siesta,  también  torea- 
dor, desesperado,  guerrilla,  junta  y  otras.  Nada 
es  también  casticísima  e  intraductible. 

La  gente  sana  ya  se  sabe  cuál  es.  Y  es  curioso 
que  los  que  más  invocan  a  la  gente  sana  3'  los  que 
tratan  de  dirigirla  son  los  enfermos  o  de  avariosis 
en  el  cuerpo  y  en  el  alma  o  de  envidia  en  el  alma 
y  en  el  cuerpo. 


DE  FUERTE  VENTURA  A  TARIS 


^59 


C  y  CI 

¡Ciento  van  ya,  y  nada,  nada,  nada! 
Nada  es  el  tope  del  mundano  empeño; 
nada  es  el  fondo  de  la  vida  es  sueños- 
nada,  el  secreto  de  cada  alborada. 

Xada  es  del  río  del  vivir  la  rada; 
de  nada  es  la  madera  de  aquel  leño 
que  elevó  a  Don  Quijote  en  Clavileño 
y  fue  la  nada  su  postrer  almohada. 

Nada,  nada,  nada-.,  y  nada  oscura, 
tiniehla  que  se  cuaja  en  negro  manto 
para  abrigarnos  en  la  sepultura... 

pero  canta  la  nada,  ¡es  un  encanto!, 
y  con  voz  de  silencio  dice,  pura, 
a  su  Hacedor:  «¡Tii,  Santo,  Santo,  Santo  !y> 

Pero  la  nada  es  todo;  en  el  recodo 
de  cielo  en  que  vivimos,  nuestra  gana 
hoy  se  basta  con  nada,  que  mañana 
le  ha  de  dar  el  Señor  buen  acomodo. 


i6o 


MIGUEL  DE  TJNAMUXO 


¿Piedra  o  polvo  ha  de  hacerse,  al  fin,  el  lodo 
que  es  nuestro  todo-nada?  ¿  El  río  mana 
del  hielo  o  de  la  nube?  El  río  hermana 
al  todo-nada  con  la  nada-iodo. 

Se  dijo  (.'.¡vanidad  de  vanidades  !y) , 
que  ha  de  ser  a; plenitud  de  plenitudes  !y> 
al  principio  del  fin  de  las  edades; 

se  funden  con  los  vicios  las  virtudes, 
y  en  esta  soledad  de  soledades 
da  lo  mismo  que  afirmes  o  que  dudes. 

París,  20-XII. 


CII 


Toca  mis  labios  con  tu  fuego  santo; 
toca  mis  labios  con  tu  santo  fuego; 
mi  pueblo,  el  tuyo,  va  quedando  ciego; 
se  le  ha  secado  el  manantial  del  llanto. 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


i6i 


De  noche,  bajo  tu  estrellado  manto, 
duerme  y  no  sueña,  pueblo  rebañego, 
luego  bajo  el  azul  se  entrega  al  juego, 
y  hasta  juega  el  muy  vil  con  su  quebranto. 

Toca  mis  labios  con  tu  fuego;  toca, 
Señor,  mi  boca  con  tu  dedo  ardiente; 
haz  un  volcán  de  indignación  mi  boca; 

con  las  aguas  de  lumbre  del  torrente 
que  brota  de  tu  pecho,  viva  roca, 
baña,  Señor,  mi  entenebrada  frente. 

París,  2i-Xn. 

CIII 

Eso  no  es  voluntad,  es  sólo  gana; 
no  cosa  de  i'arnn,  sino  de  macho, 
y  cuando  atiborrada  llega  a  empacho 
se  les  vuelve  en  desgana,  que  es  galbana. 

11 


1Ó2 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


La  santísima  gana  es  cosa  vana, 
y  la  real  va  a  dar  en  el  capacho 
de  los  rastrojos  que  ha  dejado  el  sacho 
al  escardar,  ya  seca,  la  besana. 

Saber  querer  es  ciencia  recogida 
que  el  que  quiere  saber  tan  sólo  coge, 
cuando  la  gana  en  el  querer  olvida, 

y  sin  que  el  pecho  a  la  frente  sonroje 
guarda  la  voluntad,  germen  de  vida,^ 
en  el  entendimiento,  que  es  el  troje. 

París,  2I-XII. 

La  voluntad  es  cosa  intelectual  3^  racional.  Los 
machos  de  la  real  gana  y  de  la  masculinidad  com- 
pletamente caracterizada  hablan  con  fingido  des- 
dén — con  sórdida  envidia  cainita  de  brutos  im-' 
potentes  — de  los  intelectuales  que  «se  sacan  de  la 
cabeza»  las  medidas  de  gobierno.  Son  los  que  con 
un  modismo  imitado  del  Ganso  Real  he  llamado 
auto-brutos,  es  decir,  los  que  se  tienen  a  si 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS 


163 


mismos  por  brutos,  fingen  jactarse  de  serlo 
— «pues  bien,  a  mí  a  bruto  no  me  gana  nadie» — 
¡pretensiones!,  cuando  no  son  mas  que  men- 
tecatos, pobres  tontos  que  aparentan  bruta- 
lidad, burros  que  hacen  de  tigres.  Porque  aún 
se  podría  soportar  al  tirano  de  entendimiento 
medio  normal;  pero  es  insoportable  el  majadero 
que  se  cree  fiera-  Y  además,  chanchullero  y  de 
mala  fe  y  movíHo  por  viles  y  bajas  pasiones. 

Y  lo  peor  es  cuando  «la  masculinidad  comple- 
tamente caracterizada»  eotá  envenenada  por  la 
avariosis  u  otro  morbo.  Entonces  acaso  el  remedio 
para  los  que  persisten  en  imponer  a  los  demás 
su  gana  sería  la  castración. 

Que  es  el  remedio  que  Don  Alfonso  XIII  pro- 
ponía para  el  problema  de  las  Hurdes,  castrar  a 
los  hurdanos.  «¡Con  permiso  del  señor  obispo!» 
vSe  refería  al  de  Coria,  que  en  compañía  de  Don 
José  Goyanes,  Don  Gustavo  Pittaluga  y  Don  Luis 
de  Píoyos,  oía  esa  gracia,  tan  graciosa  como  la 
de  sin  efusión  de  sangre  que  yo. 

A  nadit  se  le  escapa  sino  lo  que  lleva  dentro,  y 
hay  una  frivolidad  de  insensatez  que  en  personas 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


revestidas  de  cierta  representación  alcanza  carac- 
teres de  tragedia.  Estos  pobres  sujetos  no  saben 
disculparse  mas  que  desdiciéndose,  para  luego  des- 
decirse del  desdicho  si  les  viene  a  pelo,  negar  su 
palabra  y  después  la  negación  de  ella  y  vivir  en 
régimen  de  mentira.  Porque  las  mentiras  se  enre- 
dan como  las  deudas  del  tramposo.  Y  el  menti- 
roso es  un  cobarde.  Cobarde  de  valor  moral.  El 
deportivo  no  es  valor.  Ni  el  histriónico. 


FIN 


DE  FUERTEVEXTURA  A  PARIS  165 

ÍNDICE  DE  SONETOS 

Páginas 

Añoso  ya  \'  tonto  de  capirote    12 

¿Conque  iban  a  barrerte?  Pura  coba    15 

Los  que  clamáis  «¡indulto!»  id  a  la  porra  17 

Mientras  cae  el  baldón  sobre  ti,  España  .  .  20 

Eslabonado  con  «¡que  viene  el  Coco!»  ....  21 

«¡Hay  que  aislar  — dijiste —  al  pesimista!»  23 

Al  verse  aislado  nuestro  gran  Felipe   25 

¡Oh,  fuerteventurosa  isla  africana   26 

Tú,  mar  que  ocultas  a  mis  vivos  ojos   27 

Voy  ya,  Señor,  a  los  sesenta,  historia  ....  29 

Hace  ya  medio  siglo  — era  yo  un  niño—  .  .  30 

Un  siglo  ya  que  al  turbulento  Riego   32 

«¡Ahora  3^0  so\^  el  amo!»  Pobre  chico  ....  35 

Te  llega  ya  tu  San  Pascual  Bailón   36 

Al  sol  de  la  verdad  pongo  desnuda   37 

Ruina  de  volcán  esta  montaña   39 

Tu  evangelio,  mi  señor  Don  Quijote   40 

Este  cielo  una  palma  de  tu  mano    41 


i66 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Páginas 


Y  si  te  encuentras  la  escarcela  hueca   43 

«¡Ponte  — me  dijo —  en  pie,  que  voy  a  ha- 
blarte !    44 

Ya  sé  lo  que  es  el  porvenir :  la  espera   45 

¡  Agua,  agua,  agua  !  Tal  es  la  magua   47 

¿Qué  dices,  mar,  con  tu  susurro?  ¡Dime! .  .  48 

Cuando  en  lago  de  nubes  peregrina    49 

Como  las  olas  de  la  mar  inmensa   50 

Ahora  que  voy  tocando  ya  la  cumbre  ....  51 

Tranquilos  ecos  del  hogar  lejano    53 

Y  ¿no  estaré  luchando,  sombra  adusta  ....  54 
Mira,  hermano  Cervantes,  no  te  asombre  .  .  55 

Fuera  de  tu  casino,  tu  cotarro   56 

Cuando  el  cansancio  de  esperar  me  abruma  58 

Ya  como  a  propia  esposa  al  fin  te  abrazo  .  .  59 

Surgió  esa  larva  de  amarillos  ojos   61 

La  mar  ciñe  a  la  noche  en  su  regazo   62 

Raya  celeste  de  la  mar  serena   64 

Palabras  del  idioma  de  Quevedo   65 

Y  ¿qué  vendrá  después?  Tal  la  pregunta  . .  66 

¡  Solitarios  sin  fin  a  la  baraja !    68 

Remonto  entre  tus  páginas  pajizas    69 


DE  FUERTEVENTURA  A  PARIS  16/ 

Páginas 

¿Cuál  de  vosotras,  olas  de  consuelo    70 

«¡Del  fiero  golfo  de  Vizcaya  llega!»    71 

Liberales  de  España,  pordioseros    72 

Allí  donde  su  planta  pone  el  hombre   74 

Enjalbegada  tumba  es  Betancuria    75 

Horas  de  aflojamiento  en  que  el  vacío  ....  77 

Pero  no,  pero  no,  que  es  el  reflujo   7S 

Lo  que  sufres,  mi  pobre  España,  es  coma  .  .  78 

No  hay  un  puñado  de  tierra  perdido   So 

Olas  gigantes  de  la  mar  bravia    Si 

Recio  materno  corazón  desnudo   

Y  si  su  música  a  soñar  ayuda    S3 

¡Dime  qué  dices,  mar,  qué  dices,  dime !  ..  S4 

Horas  serenas  del  ocaso  breve   S5 

¿Es  camello  la  nube  o  el  camello    S6 

Te  da  en  la  frente  el  sol  de  la  mañana  ....  SS 

-VI  frisar  los  sesenta  mi  otro  sino   S9 

Hilo  el  negro  toisón  de  la  quimera    90 

Te  has  hecho  ya,  querida  mar,  costumbre  .  .  91 

No  vacía,  mas  llena  de  vacío    92 

Es  una  antorcha  al  aire  esta  palmera   97 

Vuelve  hacia  atrás  la  vista,  caminante  ....  9S 


i68 


MIGUEL  DE  UNAMUNO 


Páginas» 


Pleamar,  bajamar;  alza  su  pecho    99 

Horas  dormidas  de  la  mar  serena   100 

No,  no  es  de  Credos  aquella  cordillera  ....  loi 

Raíces  como  tú  en  el  Océano    103 

Sed  de  tus  ojos  en  la  mar  me  gana   106 

Te  alzas  enjuta  sobre  el  cielo  pardo    iio 

«¡España!  ¿A  alzar  su  voz  nadie  se  atreve?  11 1 

¿Dónde  reposarás,  corazón  mío    112 

Caído  desde  el  cielo  aquí  me  aburro   113 

¡Oh,  clara  carretera  de  Zamora    115 

Las  nubes  del  embozo  de  mi  villa    116 

¡Oh,  mar  salada,  celestial  dulzura   117 

Hoy  he  visto  volar  una  ballena    119 

Isla  de  libertad,  bendita  rada   120 

«¡Miguel!  ¡Miguel!»  Aquí,  Señor,  desnudo  121 

Un  mariquita  aquí,  una  marimacho    122 

En  neblina  otoñal  se  anega  el  Arco   124 

¡Oh,  la  trágica  sed  de  la  Montaña   125 

No  modelar,  como  las  lluvias,  dedos   126 

Desde  las  tristes  márgenes  del  Sena   127 

Me  canta  la  pasión  — tal  es  su  estilo — .  ...  129 

El  macho  me  creía  a  mí  otro  eunuco   130 


DE  FüERTEVENTURA  A  PARIS  169 

Páginas 

No  te  lo  digas  ni  a  ti  mismo,  calla   132 

Ay,  mas  si  duermes,  soñarás,  ¡me  aterra!  132 

Doradas  hojas  de  la  lenta  tarde   134 

Xo  consigo  soñar,  vil  pesadilla    135 

Ese  cerdo  epiléptico  que  gruñe    136 

¡A\',  triste  España  de  Caín,  la  roja   13S 

¡  La  garganta  del  Abrego  en  acezo   140 

Tu  voluntad.  Señor,  aquí  en  la  Tierra  ....  141 

A  un  hijo  de  españoles  arropamos   143 

«Dejad  que  entierren  a  sus  muertos» ;  dijo  144 

¡Ay,  cómo  al  tiempo  el  porvenir  devora!  .  .  145 

¡  Es  terrible  trillar  paja  sin  trigo  I    146 

«Yo  soy  la  senda,  la  verdad,  la  vida.»  ....  149 

¿De  dónde,  adónde,  para  qué  y  cómo?  ....  150 

La  gana,  la  real  gana,  es  cosa  vana    151 

¡Oh  mi  pueblo  castizo,  el  del  mañana  ....  157 

¡Ciento  van  ya,  y  nada,  nada,  nada!   159 

Pero  la  nada  es  todo;  en  el  recodo    159 

Toca  mis  labios  con  tu  fuego  santo   160 

Eso  no  es  voluntad,  es  sólo  gana   161 


OBRA5  DEL  MISMO  AUTOR 


Pesetas 

Paz  en  la  guerra  (novela)  — ((Biblioteca 
Renacimiento»    4,00 

De  la  enseñanza  superior  en  España.  — 

Madrid,  Revista  Nueva,  1S99    Ik50 

Amor  y  Pedagogía  (novela).  —  Barcelona, 

Henrich  y  Compañía,  1902    3,00 

Paisajes. — oColección  Calón»,  Salamanca, 

1902    0,75 

De  mi  país  (descripciones,  relatos  y  artícu- 
los de  costumbres). — Madrid,  I'ernando 
Fe,  1903    3,00 

Vida  de  Don  Quijote  y  Sancho  según  Mi- 
guel de  Cervantes,  explicada  3'  comentada 
«Biblioteca  Renacimiento»    4,00 

Poesías. — Madrid,  1907   3,00 

Mi  religión  y  otros  ensayos. — «Renaci- 
miento»   3,50 


Pesetas 


Por  tierras  de  Portugal  y  de  España. — «Bi- 
blioteca Renacimiento»,  1911    3,50 

Rosario  de  sonetos  Uricos,  191 1   3,00 

Soliloquios  y  conversaciones. — «Biblioteca 

Renacimiento»,  1912    3,50 

Contra  esto  y  aquello. — «Biblioteca  Rena- 
cimiento», Madrid,  1912    3,50 

El  espejo  de  la  muerte. — «Biblioteca  Rena- 
cimiento», 1913    1,00 

Del  sentimiento  trágico  de  la  vida. — «Bi- 
blioteca Renacimiento»   4,00 

Abel  Sánchez  (novela). — «Biblioteca  Rena- 
cimiento»   3,50 

La  tía  Tula  (novela). — «Biblioteca  Rena- 
cimiento»   3,50 

Andanzas  y  visiones  españolas. — «Biblio- 
teca Renacimiento»    4,00 

Niebla  (novela). — «Biblioteca  Renacimien- 
to»   3,50 

Tres  novelas  ejemplares  y  un  prólogo. —  , 

Calpe    4,00 

El  Cristo  de   Velázquez  (poema). — Calpe  4,00 


DE  FUERTEVENTURA 
A  PARÍS, 

por  Miguel  de  UNAMUMO. 
se  acabó  de  imprimir  el  i  de  Marzo  de  192? 
en  la  imprenta  de  OMNÉS  &  C'^ 
jS,  Rué  Rochechouart,  en  París, 
para  la  EDITORIAL  EXCELSIOR 


I